sábado, 29 de septiembre de 2012

Imagina...


Y ya estábamos en la mesa de aquel mexicano al que había prometido llevarme.

Al pasar por casa Dani esperó en el coche y yo tuve que esquivar los cuchillos de mi madre que me recriminó haber dormido fuera de casa y haber aparecido a esas horas para volver a marcharme. Unos vaqueros y una camiseta bastante simple pero con toda la espalda al descubierto fue el modelito elegido para esa noche. Gritos de mi madre. Perfume y máscara de pestañas. Amenazas de cambiar la cerradura. Un abrazo muy fuerte y una recomendación de coger una chaqueta por su parte fueron suficientes para poder salir tranquila.

—¿Cuanto eres de picante?— dijo Dani explicándose mal
—Yo diría que soy bastante picante, aunque también tengo mi lado dulce Martínez…
—Booo
—Bobo tú
—¿Estamos graciosas, Pedroche?— dijo jugando con mi mano

Habíamos escogido una mesa para dos al fondo del local que estaba hasta arriba de gente. Dani conocía a los dueños y nos han colado al resto de la gente que estaba esperando para cenar.

—Estoy contenta, está mal??
—¿Y porque estás contenta si se puede saber?— dijo aun jugando con mis manos hasta entrelazar nuestros dedos— Porque tu coche está jodido, mañana ya es domingo, has dormido poco, esta es la primera comida del día, los gritos de tu madre se escuchaban desde el portal… Y podría seguir.
—Que malo, tu me quieres deprimir para luego consolarme tú, muy mal Martínez muy pero que muy mal— dije al tiempo que soltaba mis manos para darle un golpecito en la nariz
—No a ver enserio ¿porque estás tan contenta?— insistió mirándome a los ojos
—No se — me daba vergüenza de pronto — porque no me importa nada de lo que acabas de decir. Me da un poco igual que el coche esté estropeado, ya lo arreglaré; o que mi madre cuando llegue un día de estos me tenga las maletas en la puerta o que el lunes empiece de nuevo una semana de locos. No se, estoy bien. Haces que me lo pase bien y que todo eso no me parezcan más que tonterías. Me ayudas a evadirme. ¿Contento con la respuesta?

Me sonrió y se irguió levemente de la silla apoyándose en la mesa para alcanzar mis labios. Los rozó quedamente mientras sonreía para atrapar después mis labios entre los suyos. Yo no le desprecié el beso pero lo corté poco después.

—Loquito que el bar está lleno
—Y que más da, ¿no era que te ayudo a evadirte? Pues eso evádete— cambió su silla que estaba de frente y se puso en un lateral de aquella mesa para dos — Piensa que no estamos en medio de un restaurante del centro de Madrid, ni que las chicas de esa mesa de la entrada no dejan de mirar para aquí y discuten sobre quien se levanta a pedirnos una foto.

Su mano iba subiendo por mi brazo, apartándome el pelo que cubría mi hombro.

—Piensa que no somos conocidos en absoluto y que no tenemos nada que esconder, nada que aparentar

Sus dedos se deslizaban por mi espalda desnuda descendiendo hasta el comienzo de mi pantalón y volvían a ascender haciendo que los escalofríos provocados por la corriente fría y sus dedos templados cautivaran cada centímetro de mi cuerpo.
—Imagina que te puedo comer ahora mismo la boca sin importarte nada más que el sabor de mis labios y los tuyos

Su mano en mi cuello acariciando con el pulgar mi mejilla

—Imagina todo eso, y haz…

No le dejé acabar la frase. En ese mismo instante mis manos lo acercaban más a mí sosteniéndolo en la nuca y las suyas enmarcaban mi rostro. Sus labios; esos que me dediqué a memorizar durante toda la noche; cada movimiento, cada suspiro, cada beso… Esos que añoraba a cada segundo que no los probaba. Esos mismos se humedecían ahora entre los míos, que en el fondo ya eran un poco suyos.

El beso duró menos de la infinidad que me hubiera gustado pero más de lo que nos convenía a ambos.

—No se porque te digo que imagines, si cualquier cosa que me imagino a tu lado es ínfima al lado de la realidad que me das — dijo aún en mi boca — tu también me haces feliz Pedroche…
Y nuestra felicidad aumentó entre chistes, picante y muchos besos “imaginarios”

lunes, 24 de septiembre de 2012

Puede ser...


El agua se oía desde la habitación y él cantando una vez más. Me levanto buscando el móvil que había quedado en el salón la noche anterior. Las 16:15, hemos dormido muchísimo. 
Mi móvil está saturado de llamadas perdidas, alertas de whats up y menciones en twitter. Entre las llamadas, mi madre a la que no he avisado de que no volvería a dormir y alguna de Berta a las tantas de la mañana. Sms a mamá para que no le dé un ataque. 
Entre los whats up había uno de Dani enviado a las 09:30, poco después de que nos quedáramos dormidos (o bueno por lo menos yo), un “eres increíble…” acompañado de una sonrisa imborrable en mi rostro. 
La ducha ya había cesado. Me visto con la camisa que Dani llevaba puesta ayer y voy en su búsqueda. 
—Así que soy increíble Martínez…— dije asomándome al baño donde estaba él frente al espejo con la toalla anudada en la cadera, afeitándose. Veo como sonríe al espejo y me mira a través de este. 
—Bueno, bueno yo tampoco voy demasiado mal, no? Te gustó? A mi me gustó mucho cuando tú… 
—¡Aiii! ¿Enserio vamos a hablar de esto? Estuvo bien, punto— dije un tanto rubirozada 
—Las cosas hay que hablarlas — dijo riéndose— así se en lo que tengo que mejorar para la próxima vez… 
—¡Ah!¿Que va a haber próxima vez?— dije picándole 
Se giró aun manchado de espuma de afeitar y rodeó mi cintura 
—Estoy segurísimo — dijo intentando besarme 
—¡Eh, eh, eh, que me vas a manchar! 
Le dieron igual mis quejas, sostuvo mis brazos detrás de mí y me besó entre sonrisas. Inevitablemente no tardé en seguir ese beso 
—Ves, así estás más guapa. Toda una Mamá Noel — al tiempo que quitaba un poco de espuma que había llegado hasta mis pestañas— Tengo un hambre...Vístete, que nos vamos a comer 
—Yo aun me tengo que duchar y no me voy a poner el vestido de ayer para salir a comer. 
—Pues te duchas, pasamos por tu casa, te cambias y te llevo a un mejicano que te vas a morir. ¿Te gusta el picante, no? Como eres tan especialita—afirmó con retintín  
—Ya sabía que soy especial— murmullé mientras entraba en la ducha 
—Si, si tan especial que el Gobierno le da una paga a tus padres— bromeó 
Le tiré su camisa ignorando el comentario y me duché tomándome mi tiempo. Con su gel que quedó impregnado en mi piel desde el primer momento. Cuando salí, la cama ya estaba hecha y mi ropa que había estado dispersa por toda la casa estaba colocada ahora sobre la colcha. 
—¡Que buen amo de casa eres! Seguro que es sólo porque estoy yo… 
—Podría ser — riéndose — tendré que dar buena impresión a la competencia. 
—No te esfuerces. Ya nada puede cambiar la terrible impresión que tengo de ti 
—Bueno quizás si hay algo que lo puede cambiar… 
—A ver pesadilla… ¿tú no tenías hambre? 
—Por eso… 
—Venga va ¿No te llegó todo lo de ayer? — le dije vistiéndome. 
—Mucho, pero sé como eres y dentro de muy poco vas a cortar el grifo…Tendré que aprovechar mientras pueda 
—¿Y por que crees que voy a cerrar el grifo? 
—Porque eres de relaciones serias, no de esto. Ahora si, estás probando, te diviertes y todo lo que tu quieras pero no vas a dejar de pensar como lo haces ni de ser como eres. Ni yo tampoco lo pretendo. 
—Puede ser…— dije dándole la razón— ni tu vas a dejar de buscar relaciones esporádicas… 
—Puede ser… 
—Entonces si sabemos esto ¿Por qué alargamos más lo inevitable? 
—Porque podemos disfrutar y respirar de esto un tiempo, hasta que sea imposible seguir. Yo creo que compensa ¿No? 
—No lo sé. Supongo que eso lo veremos después, si en verdad valía la pena… 
—Pues ya lo veremos — dijo al tiempo que me besaba en la frente y se quedaba ahí unos segundos más largos de lo estrictamente necesario. Como dándose cuenta de que faltaba mucho menos de lo que el preveía 
La conversación hacía que le diera demasiadas vueltas a la cabeza. Pero él tenía razón, tengo que disfrutarlo mientras pueda aunque luego me joda. 
Definitivamente me compensará.  

domingo, 23 de septiembre de 2012

Calor


Oscuridad, seda, frío. Eso era todo lo que sentía ahora. Tras un “sigamos jugando” por parte de él la habitación desapareció cuando me vendó los ojos. No era algo que me hubiera gustado en cualquier otra situación porque me hacía sentir indefensa, entregada; pero con él una vez más todo era diferente. Yo siempre he sido quien lleva la voz cantante en las relaciones; las cosas se hacían donde, cuando y como yo quería pero me encantaba saber que él podía hacer conmigo lo que quisiera. Era un punto fetichista que nunca había sentido.
Me incitó a levantarme y tomándome de ambas manos me llevó a otra habitación de la casa, la suya supuse, e hizo que me recostara sobre la cama. Al momento sentí su cuerpo sobre el mio, caliente, rozándome pero sin llegar a apoyarse por completo. Me besó con tranquilidad pero profundizando en mis labios aun con sabor a chocolate. Ese beso se fue intensificando haciendo que yo cobrara más protagonismo y que mis manos buscaran su cuerpo pidiéndole que avanzara, pero él me frenó, disminuyó la intensidad de nuestros labios y me susurró:
—No querías ir despacito Pedroche, pues necesito enfriar un poco la situación
No sabía a lo que se refería hasta que sentí que mis labios se humedecían, se enfriaban. Me rozaba sutilmente con un cubito de hielo que dejaba un sabor amargo, a ginebra que combinada a la perfección con el dulzor que me embriagaba desde hace un rato.  Alternaba el hielo del gintonic con sus labios cálidos y dulces consiguiendo todo menos que yo me enfriara.
Cuando lo que ocupaba mi interés eran sus labios jugando con los míos sentí en la barriga el tacto del hielo lo que hizo que me asustara junto a su leve risa. Mi cuerpo por entero se empezó a estremecer con el cambio de temperatura mientras el pequeño cubito iba ascendiendo llegando a mi ombligo, mis costillas, mi pecho… Consiguiendo que me erizara.
Sentía sus piernas cálidas aún a ambos lados de mi cadera y aunque no lo viera sabía que ahora mismo una sonrisa de satisfacción reinaba en su cara porque me tenía ahí estremeciéndome ante cada uno de sus actos. El cubito ya casi deshecho volvió a terminar en la copa de gintonic dejándome a mi mojada y caliente.
Las manos de Dani que estaban recorriendo todos y cada uno de los puntos tocados por el hielo terminaron en mi cadera y desprendió sin prisa los lazos anudados en esta. Pasaron unos segundos en los que el cambió su posición recostándose a mi lado en la cama haciendo que una de sus piernas se colocara entre las mías separándolas ligeramente.
Comenzó a besarme en el cuello para decirme con un tono muy tranquilo:
—Y ahora prefieres frío…— al tiempo que el roce del cubito de hielo hacía que mis piernas se flexionasen por el contacto intermitente y sorpresivo. Detuvo el juego con el hielo — o calor…
Y esta vez no había hielo ni frío si no su tacto cálido profundizando en mi deseo. Empezó con ese nuevo juego que impedía que me dejara a hacer a su disposición y lo llevará a pegarse más aún a mi, sobre mí y le besara con una pasión que se podría considerar ya locura porque no era dueña de mis impulsos ni de mis deseos, simplemente sentía.
Se separó repentínamente de aquel beso sin sentido ni frenos y detuvo su juego de manos para decir con la respiración desigual:
—Aún no has contestado Pedroche…
Pero él sabía mi respuesta de ante mano y mientras hacía lo que llevaba deseado desde aquella noche de hostal, desde la parada de repostaje en la gasolinera arrancó de mis labios un “calor” entrecortado que se mezclaba con sus respiraciones entre mi pelo. Yo solo sabía besarlo. Entre suspiros y gemidos intercalados, profundizando él cada vez más en sus movimientos impulsado por mis piernas que se aferraban a su cadera incitándole a seguir a rozarme más, a pegarse a mi. Nuestros cuerpos desde las puntas de sus dedos que se enredaban en mi pelo o los míos que se clavaban en su espalda hasta nuestros pies que se intercalaban en un amasijo de posiciones, se fundían uno en el otro bañados por el sudor, el deseo y las ganas.
Pasaron los minutos (o las horas quizás) y la luz empezaba a entrar por la ventana. Mi venda hacía tiempo que se había desprendido y nosotros seguíamos jugando, ya no con prisa ni con el ansia de la primera vez pero si sumergidos en la locura y la desesperación de seguir sintiéndonos. En una noche que parecía irreal, una mezcla de orgasmos y placer que hacían que perdiera la conciencia del mundo.
Cuando el despertador de su móvil empezó a sonar nuestra locura aminoró devolviéndonos al mundo, a esa cama en la que ni siquiera había reparado. Exhausta me giré para mirarlo, despierta de la drogadicción de sus besos. Él solo me sonrió y me besó cortamente en los labios para apagar el despertador.
—Las nueve — habló por primera vez desde hace horas — creo que nos vamos a saltar el desayuno. Duerme bien niña
Y me besó cortando cualquier posible reclamación por mi parte, pero no iba a reprocharle nada, no ahora. Me dejé llevar por el cansancio sin evitar pensar si seguía manteniendo la idea de no volver a verle; el sueño evitó que respondiera.

jueves, 20 de septiembre de 2012

Caramelo



(Valoro muchisimo las visitas que está teniendo el blog pero no valoro que luego por cada cap tenga 3 comentarios en el blog y 4 en twitter. Estas cosas me desilusionan y hacen que me plantee dejar de escribir porque en el fondo tambien pierdo tiempo personal. Si la cosa sigue así me platearé las cosas seriamente. Eso no quita que agradezca muchisimo a toda la gente que está ahí capitulo tras capitulo)



Y ellos continuaron revolviendo en la pequeña cocina, yo me dediqué a “fuchicar” en la parte del salón sin perder hilo de la conversación entre los dos hermanos. El salón era muy sobrio, solo un par de fotos encima de la mesa, un mueble-bar al lado de la tele y una pequeña biblioteca donde había más dvd´s y cd´s que libros.
—Cambia la música que no pega— dijo Dani emplatando el primero.
Sonaba música instrumental muy bajita desde una cadena de música que tenía al lado del sofá.
—Uy el disco de pillar hermanito?? — dijo Nacho gracioso — menos mal que estoy yo aquí para evitar que la chiquilla se quede dormida.
Me eché a reir con Nacho y Dani nos ignoró, estaba muy concentrado en su obra maestra. Me acerqué a la biblioteca y empecé a buscar entre los discos. No conocía a casi ninguno, este chico que música escucha.
—Aquí me falta camela… yo lo digo
—Camela en mi casa? Sacrilegio— dijo Dani acercándose a la biblioteca — te voy a tener que culturizar musicalmente Pedroche
—Eeee, cuidadito con lo que dices que Camela es cultura musical de este país
—Anda, anda… Te gustó el grupo que sonaba hoy en el coche? Se llaman Supersubmarina, vamos a poner ese.— dijo al tiempo que cogía un cd cuyo sitio conocía de memoria — vamos que la cena ya está lista
El grupo empezó a sonar en todo el salón, lo suficientemente bajo como para poder hablar. Nos sentamos en la mesa los tres; Dani y yo en un lado y Nacho enfrente. La verdad que la comida tenía una pinta exquisita. Había preparado de primero unas tostas de tomate con lo que parecía ser cecina y aceituna picada y su hermano Nacho había traído un plato de la madre de Dani que solo por la pinta sabía que no me iba a gustar.
—¿Cristina, entonces cuando conociste al payaso de mi hermano?— preguntó Nacho sirviéndome vino blanco en la copa.
—Llamame Cris, pues la verdad es que relativamente poco por no decir dos días — los tres nos echamos a reir— pero ya lo tenía estudiado por eso de que es competencia
—Si, bueno… competencia… Eso lo dices tú, que sepas que yo os veo a vosotros que a este ya lo tengo muy visto
—¿Pero porque le haces tanto la pelota?— dijo Dani a su hermano — que esta ya está pillada ve a buscarte a otra
—Bueno, bueno — dije bromeando — que es eso de pillada, tu no eras el libre el disfrutar y todo eso…
Dani se giró e hizo que girara yo también sobre la silla haciendo que quedáramos enfrentados. Intercaló nuestras rodillas y su mano empezó a subir por el interior de mi muslo mientras pronunciaba casi en mis labios
—Eres libre, somos libres pero con mi hermano no Pedroche, también puedo poner reglas…— su mano seguía subiendo entreteniéndose en los encajes del liguero que dejó atrás— además créeme con un Martinez vas a tener suficiente — su mano siguió acariciándome sin importarle que su hermano estuviera mirándonos, sin que me importara a mí. Encendiéndome aún más esa situación.
Por fin se dedidió a seguir con la cena y cesó en su juego; no sin antes acercarse a mi oreja y susurrar “¿Cómo estás ya no….? Involuntariamente mi lengua volvía a rozar mi colmillo “Me encanta…” dijo para volver a la charla como si no hubiera pasado nada.
—Entonces estas libre dijimos — bromeó Nacho haciendo que todos nos riéramos.
El primer plato transcurrió así entre bromas, anécdotas y caricias furtivas de Dani por debajo del mantel. De segundo había cocinado lasagna de espinacas a la que le puse cara de asco desde el primer momento. Cuando me iba a servir le frené
—Que no te moleste, pero a mi esa cosa no me gusta
—Perdona? Cosa acabas de llamar a mi plato estrella después de estar todo el día cocinando
—Exagerado… En serio no me gusta, no me hagas comerlo
—Pues te quedas sin postre tú verás
—¿Qué hay de postre? — pregunté ilusionada
—Para ti ya nada, por mala
Puse morritos y decidí probar un poco de la lasagna bajo la mirada disimulada de Dani. Al final comí un poco. Ellos siguieron con su conversación, al parecer llevaban un par de meses sin verse porque ambos trabajaban mucho, Nacho también estaba metido en el mundillo de la tele pero él era cámara. Al acabar recogimos la mesa y nos pusimos a tomar una copa en el sofá, Nacho recibió una llamada y se tuvo que ir; yo me apropié de su gintonic, el segunda ya de la noche.
—Por fin solos Pedroche— dijo Dani acercándose al extremo del sofá donde estaba yo — ¿pasas a darme el postre?
—Hablando de postre… — dije alejándome de su boca que me buscaba— me comí la lasagna… me lo merezco
Sonrió al ver que no le iba a seguir el juego hasta que me diera lo que quería. Se levantó y estuvo enredando en la cocina un par de segundos para aparecer con una fondue de chocolate caliente y fruta.
—Dios, que pinta — dije al ver todo lo que dejaba sobre la mesa auxiliar del salón; la fondue, la fruta, canela y caramelo líquido. Cuando él se sentó alargué la mano para coger un cacho de manzana pero me dio un manotazo despacio
—Eeeee— protesté — yo quiero
No se molestó en contestar, cogió el mismo cachito de manzana que iba a coger yo y lo envolvió por completo en ese chocolate derretido que aromatizaba toda la sala. Lo acercó a mi boca
—No puedo — dije vergonzosa al ver que me ponía cara rara — es que me cuesta mucho que me den de comer, me parece erótico… no sé
—Es que pretendo que te parezca erótico, soy yo… no deberías avergonzarte— dijo intentando convencerme. Volvió a acercar el trocito de manzana
—No….— me miró con cara de desesperación — échale canela
Él sonrió y cumplió mi deseo. Cuando tenía el bocado listo lo acercó a mi boca y esta vez no me hice de rogar, me manchó de chocolate lo labios y se chupó los dedos chocolateados también. La siguiente era yo pero cuando iba a coger un poco de piña me paró
—No soy mucho de fruta — dijo sonriéndome pícaramente. Me quitó los tacones con sutileza, levantando un poco mi vestido hizo que la media que cubría mi pierna izquierda descendiera hasta acabar en el suelo. Se manchó los dedos de chocolate pero esta vez para dibujarme una D en el muslo y al momento saboreó ese chocolate.
Ya sabía de que iba el juego así que seguí yo. Me acerqué a él y le quité la camiseta con su ayuda. Escogí el caramelo esta vez y dibujé una C en su pecho. El caramelo así sabía mejor, lamido de su pecho.
El me apartaba el pelo para que no me manchara mientras sus latidos aumentaban en mis labios. Casi sin haber acabado se lanzó sobre mi para quitarme el vestido y la media que faltaba con bastante menos cuidado que el que había tenido yo con su camiseta. Me quedé en tanga ya que el vestido que llevaba no era compatible con sujetadores. Ya le vi las intenciones al verme pero le susurre un “despacito”, me estaba gustando demasiado ese juego. El correspondió besándome el cuello y bajando con esos besos húmedos por mi pecho, saboreándolo como si también tuviera el chocolate y siguió descendiendo hasta llegar a mi barriga donde dibujó un corazón de caramelo líquido que duró poco sobre mi piel.
El juego seguía; su cuello, mi espalda, su barriga… Literalmente nos estábamos comiendo. Ambos en ropa interior, ambos con ganas de más.
Volvió a mis labios ya hechos una mezcla de sabores: la fruta, el chocolate, la canela… Todo en una armonía perfecta con el sabor de sus labios.
—Dame dos minutos — pidió sin aliento al tiempo que iba a la cocina
Y esos dos minutos se me hicieron los más largos que nunca he tenido que esperar.

martes, 18 de septiembre de 2012

NIÑA


(Antes de nada quiero decir que todo el mundo pasa por momentos malos y buenos; todas las parejas tienen crisis y a veces rupturas. Ellos como pareja pueden pasar por cada una de las fases pero eso no cambia el hecho de que todo eso que nos transmiten, todo el amor que se profesan vaya a cambiar de un día para otro. Yo creo en un final feliz, quizás no hoy, ni este mes o este año. Pero si algún día. Mientras eso ocurra, estaré aquí confiando y apoyándolos a ambos)

                Y se hacen las 21:40. Creo que es la primera vez que estoy preparada a tiempo. Doy vueltas y vueltas alrededor de la habitación mirándome al espejo cada vez que paso por delante. Dudo mil veces más si cambiarme de ropa pero después de los 6 cambios anteriores me di por vencida sabiendo que si seguía así no salía de casa. El elegido había sido un vestidito negro informal, nada exagerado ni de fiesta porque ni siquiera sabía donde íbamos a ir a cenar; el pelo suelto y ondulado.
Los minutos pasaban y yo seguía igual, un flan con patas. Mi madre que había pasado por el umbral de la puerta un par de veces no se conformaba con mi contestación de “cena con amigas” cuando me preguntaba que planes tenía; yo tampoco me hubiera creido…
Pero las cosas se me están yendo de las manos, no me puedo emocionar, no me puedo ni siquiera poner nerviosa por salir con él. Ese era nuestro acuerdo, libertad buen rollo y diversión. Nada más. Y yo me estoy equivocando…
Quizás debería cancelarlo me dije mientras me quitaba los tacones y me desplomaba sobre la cama.
Cogí el teléfono, el reloj marcaba las 21:53. Demasiado tarde, ya habría salido de casa y estaría de camino.
Sin frenos, pensé. Fuerza para hacer esto una noche más y mañana se acabó. Se acabó hablar se acabó quedar. Me conozco y estoy a punto de caer como una tonta. Tengo que cortar antes de que me empiece a gustar, mientras sea solo esto, atracción.
Se oye un claxon, miro el reloj las 22:08. Me despido de mis padres y bajo las escaleras lo más despacio que puedo y me permiten las ansias, quiero hacerle esperar un poquito más. Salgo al portal y veo que tiene el coche subido encima de la acera. Me mira desde dentro del coche, de arriba a abajo, terminando en mis piernas. Me imagino que estará adivinando si llevo las medias de la foto y de pronto me da demasiada vergüenza. Desde cuando yo mando ese tipo de fotos? Vale que no es tan fuerte que era solo mi pierna y mi cadera pero es el hecho de mandar una foto así a un tío que conozco de hace dos días…
Cada vez tengo más claro que esto tiene que acabar.
Él se estira sobre el asiento del copiloto para abrir desde dentro la puerta.
—Te gusta hacerte de rogar niña…— dijo cogiendo mi bolso y mi cazadora y poniéndola en el asiento de atrás — casi me multan por estar aquí esperando.
-Y dale con niña… que no soy una niña— dije un poco molesta, no se si más por el hecho de que me lo llamara o porque estaba decidida a cortar con el rollito.
Él se percató de mi tono y como siempre supo como manejarme. Me cogió la cara entre sus manos y entre mis labios dijo “ya lo se… es cariñosamente” y me dejó un beso lento y acompasado. Yo apenas reaccioné no moví las manos de su posición inicial y simplemente me limité a devolverle el beso. Cuando terminó yo me quedé más cortada aún mientras él arrancaba el coche y ponía la radio a tope.
Estaba sonando la canción del año “colgando en tus manos” de Marta Sánchez y Carlos Baute. Dani tenía la mano en mi rodilla haciéndome cosquillitas, posición que solo abandonaba para cambiar de marcha. En el semáforo empezó a cantar la canción mirándome y haciendo el payaso
—Martínez que gusto musical… te sabes la letra enterita
—Es la canción que utilizo para ligarme a las niñas — dijo para picarme
—¿Y funciona?— pregunto enfrentándome a él
—No sé, dímelo tú…
Me limité a sonreír y besarle tiernamente como había hecho él antes. Se separó del beso cuando el semáforo se puso en verde y me dio un besito en la nariz antes de volver al volante.
Después de diez minutos llegamos a un bloque de edificios y aparcó en la puerta
—No se supone que me llevabas a cenar?
—Si y cenar vas a cenar— le miré con cara de que no estábamos hablando de lo mismo…— te  lo digo de verdad boba, cociné yo.
—Vale entonces definitivamente si que no me apetece— dije riéndome mientras bajaba del coche. Lo cerró y vino hacia a mi caminando con chulería.
—Pues tú te lo pierdes, ya te he demostrado que estas manos hacen milagros y también culinarios…
—Anda pesadilla — dije pegándole un golpe en la cabeza — que te lo tienes muy creído tú me parece a mí.
Pasamos al portal donde había una señora mayor esperando el ascensor, la típica señora adinerada con un caniche y con cara de tener más malas pulgas que el can. “Buenas tardes” dijimos los dos recibiendo un leve movimiento de cabeza como respuesta. Cuando el ascensor se abrió ella pasó primero y nosotros entramos después quedándonos frente a la puerta uno al lado de otro. Dani con la mano contraria para disimular empezó a levantar mi vestido por delante, yo me ponía nerviosa y me entraba la risa. Segundo piso, la señora tose para que la dejemos salir y se va sin ni siquiera mirarnos a la cara.
—Estás loco, que es tu vecina
—Y que problema hay— dijo con cara de inocente — solo quería comprobar que la foto no era falsa dijo acariciando el liguero de la media que cubría mi pierna izquierda — y por lo que veo…
Siguió levantando el vestido poco a poco con una mano mientras me miraba a los ojos con una sonrisa pícara. “TIIIIN”. Quinto piso y mi mano para la suya que hubiera subido hasta la azotea…
—Pedroche , Pedroche, de veras crees que llegaremos a probar el primer plato?— dijo mientras introducía las llaves en la cerradura y las dejaba ahí para apoyarme en el marco de la puerta.
Comenzó a besarme apoyándose por completo aprisionándome contra aquella jamba donde se encontraba el timbre que involuntariamente estábamos haciendo sonar. Mis manos dejaron caer el bolso al suelo y se enredaron en el pelo de su nuca, haciendo que el beso no cesara, no se atenuara si no que se intensificara como el ruido del molesto timbre en nuestros oídos. De pronto la puerta se abrió haciendo que Dani trastabillara y casi cayéramos los dos.
Al otro lado de la puerta estaba un chico joven, alto y moreno. Bastante riquiño (made in gallego, a investigar)
—Que haces aquí? — preguntó Dani recogiendo mi bolso y haciéndome pasar a la casa
—Se supone que íbamos a cenar juntos, ya te dijo mamá que enviaba la cena por mi
—Es verdad, lo siento se me fue la pinza. Esta es Cristina— dijo señalándome con la mano — y él es mi hermano pequeño y menos guapo Nacho
Yo le di dos besos acompañados de un “encantada” y me quedé en el hall del piso mientras los dos hermanos se dirigían hacia la mesa que estaba puesta en la cocina americana y completaban la mesa que hasta ahora era para dos
Al final, y para mi desgracia, si que íbamos a probar el primer plato.

Juegos


Después de escuchar la correspondiente bronca de mis padres por no haber avisado de que no venía a dormir se sumó el asunto del coche. Lo que faltaba para cerrar con broche de oro la comida del sábado. No les mentí al respecto de donde había pasado la noche, en un hotel por no poder volver conduciendo, pero omití el detalle de que no estaba sola…
Mientras ayudaba a mi madre a recoger la mesa empezó a sonar la alarma de mi móvil, la cual no recordaba haber activado. Cuando fui a apagarlo a la habitación me di cuenta de que no era el despertador, si no que era un aviso con alarma:
                                               “6962879059, el número de tu mecánico particular,
                                               se reparan frenos atascados y se ofertan métodos
                                               anticongelantes “
Sin más me eché a reír como una tonta en la habitación. Y yo que me preocupaba de que todo hubiera quedado ahí. Era tan tonto…
Guardé aquel número en mi listín telefónico bajo el apodo “no sé que” y no tardé un minuto más en enviar un sms
                                               “ Y yo que pensaba que el que habías puesto los
                                               frenos ahora eras tú, y por eso no me pedías
                                               mi número de teléfono…”
Dejé el móvil sobre la cama y me fui al salón con mi madre. No quería parecer una niña pequeña pegada al móvil esperando a que él contestara, pero eso no evitó que cuando escuché el “bip” dos minutos después me levantara corriendo.
                                               “ Frenos?? Yo?? Que es eso?? Lo que pasa es que
                                               quería ver si eras tú la que me lo pedías primero
                                               pero no me quería arriesgar… y menos mal que
                                               uno de los dos piensa Pedroche”
No hay nada más intenso que estos juegos iniciales. Supongo que es algo que se echa de menos cuando la pareja se consolida y ya no hay esos piques, esas indirectas, ese sentirse como niños jugando con cosas de mayores…
Y con los juegos llega el nerviosismo pueril. El escribir el mismo mensaje cinco veces, cambiando palabras, guiños haciendo que suene como tu realmente quieres que suene. Jugando.
Mientras escribía a una velocidad pasmosa en mí, borrando y rescribiendo una y otra vez era consciente de que estaba sonriendo, me mordía el labio y hacía gestos inconscientemente.
                                              
                               “ De los dos eres tú el que piensa?? Mal vamos entonces
                               Martínez… No crees que a lo mejor no te lo pedí porque
                               no me interesaba mister ego?”
Me encantaba picarle como él hacía conmigo. Sé que era un juego peligroso porque hay días para todo y a veces te gusta seguir el juego, y otras en cambio te lo tomas todo a mal. Mi chico perfecto tenía que ser así, casi perfecto: saber cuando puede picarme y volverme loca, pero en cambio distinguir cuando lo que necesito es otra cosa. No me extraña que digan que somos difíciles, es totalmente cierto. Y yo soy la más rara de todas.
                               “ Para no interesarte no tardaste ni un minuto en
                               enviarme un sms desde que sonó el aviso niña; no
                               te hagas la estrecha(que no te pega :P) y dime a que
                               hora te paso a buscar esta noche”

Fui caminando hasta el armario para elegir la ropa sin dejar de escribir
                               “Mmmm, no me apetece demasiado…”
La respuesta no tardó en llegar
                               “ No te apetece el que? Cenar?? A claro lo que pasa es
                               que a lo mejor ya quedaste empachada con el orgasmo
                               me suele pasar, no eres la primera que me lo dice…”
Mientras colocaba la ropa interior sobre la colcha de la cama y escogía entre la inmensidad de tacones cual me iba a poner no podía evitar llevarme la lengua al colmillo derecho, era un payaso…
                               “Orgasmo? Que orgasmo?? Enserio te lo creiste?
                               Si es que tenía que ser actriz en vez de reportera…”
 Entre en la ducha con el móvil a mano para seguir hablando con él.
                               “Fingido?? Entonces debió de ser impresión mía sentir
                               como te temblaban las piernas mientras te……”
Hacía que me sonrojara como una niña pequeña. No por la forma en la que me decía las cosas porque hemos tenido la confianza suficiente para hablar de todo desde el segundo cero, pero lo que me avergonzaba de verdad era ver que me tenía en sus manos. Me calentaba, me enfadaba o hacía que me volviera loca cuando y como él quería; y él lo sabía y era lo que lo hacía tan fuerte. Y a su vez lo que a mi me gustaba tanto
                                               “Debió ser impresión tuya, yo no lo recuerdo…”

Esta vez tardaba más que antes en contestar. Tras diez minutos cuando yo ya estaba echándome crema hidratante el teléfono volvió a sonar y la impaciencia hizo que lo cogiera manchándolo por completo.

                                               “ No te preocupes que esta noche te refresco
                                               la memoria… Te paso a buscar a las 22:00. Espérame
                                               en tu portal y ponte aún más sexy si es posible”

No le contesté a ese sms, me puse la ropa interior que había escogido y me miré al espejo. Decidí hacer una locura y saqué una foto desde arriba a mi pierna con una media negra transparente de liguero que llegaba a la altura de medio muslo y dejaba mi tostada piel al descubierto hasta el ínfimo lazo que ataba mi tanga en la cadera. ¿Enviar?
Si, enviar. Junto al texto: “todo es posible…”

sábado, 15 de septiembre de 2012

¿Que somos?


Y el sueño me venció. Después del golpe con el coche, de la discusión por la noche y de la parada para “repostar” simplemente dejé que el sueño me inundara. Pasé unos minutos en ese estado de seminconsciencia cuando sabes que te estás durmiendo y te llegan sensaciones como si las estuvieras soñando. Lo veía a él entreabriendo los ojos, con la ventanilla abierta para no dormirse. La música de el coche, en voz baja para no molestarme pero suficientemente alta para escuchar como tarareaba la melodía y repetía frases inconexas intentando seguir la letra.
Y su voz se fundía con la del cantante saliendo por los altavoces recitando cosas como” se la tirita se la cicatriz”, “se imprecisa” y una serie más de adjetivos que el confundía pero que no le detenían en seguir cantando, mirando a la carretera.
Hoy ha sido un día ciertamente raro, me siento tan yo y a la vez tan diferente al yo que conocía hace unos días. Me sorprendo a mi misma al dejarme llevar, al no pensar…
Pero sé que esa fase no durará mucho. Yo soy como soy y aunque no lo reconozca necesito tener todo bajo control, si no me pierdo, pierdo mi esencia.
Él parece vivir bien con esa forma de pensar, hace lo que quiere, cuando quiere, y con quien quiere ( me molestaría eso a mi?? )No tiene que dar explicaciones a nadie y nadie se atrevería a pedírselas porque se conoce la respuesta. “Echarás de menos hasta su caminar” dice entre susurros y silbidos.
El aire de su ventanilla hace que el pelo me golpee en la cara y que poco a poco vaya saliendo de ese estado se adormecimiento. El aire huele diferente. Ya estamos cerca de Madrid, por su ventanilla veo el paisaje ya muy conocido, los letreros de ciudades que conozco bien.
A él el aire parece no molestarle, al contrario. Está tranquilo, quizás feliz. Unas pequeñas arruguitas se forman a ambos lados de sus labios mientras gesticula erróneamente la letra de la canción que sigue sonando en la radio. No sabe que estoy despierta, tampoco se fija mucho en mí. Yo me memorizo la letra de sus labios, grabo en mi mente sus gestos, la forma de arrugar la frente cuando una frase tiene para él más significado que el resto, la forma de morderse en labio cuando la batería domina la canción. “es el verbo en carne viva”
El paisaje cambia cada vez más y el ritmo del coche también, nos estamos adentrando en las afueras de la ciudad. Ya no hay campo ni horizonte despejado, solo carreteras, indicadores luminosos, coches, contaminación y ruido.
Me fui irguiendo poco a poco en el asiento. Él al percatarse de que estaba despierta se limito a sonreír apartarme el pelo que aun me daba en la cara a consecuencia del aire que entraba por su ventanilla. Siguió con su concierto privado sin importarle que ahora yo pudiera estar escuchando, sin importarle lo que yo pudiera pensar.
—Dónde te dejo?— preguntó en el medio de la canción
Y me di cuenta de que el día estaba llegando a su fin, la aventura con el desconocido por la carretera a lo película americana se acababa y no se si en realidad lo quería.
—En casa de mis padres— dije aún con voz de dormida, me aclaré la garganta— así que en Entrevías, Vallecas
Se metió en las profundidades del tráfico de Madrid y yo le observaba por el reflejo de la luna del coche al sol del mediodía. Llegamos a mi barrio y con una par de indicaciones paramos delante de mi portal.
Detuvo el coche sin ni siquiera pararlo. Esto iba a quedar así? Se supone que nos vamos a volver a ver? O se supone que esto fue lo que fue… Somos amigos, amantes?? O tan solo conocidos. ¿Qué somos? Yo no lo iba a preguntar y por sus intenciones el tampoco.
Cogí mi bolso de la parte trasera del coche y él pronunció un adiós cordial. Le contesté del mismo modo y salí cuestionándome las últimas horas de camino a mi portal.
Si había una pregunta que me atormentaba más que ¿qué somos? Era ¿Qué quiero que seamos? No lo sabía ni creo tener la respuesta tan siquiera.
Voy subiendo las escaleras cansada, confusa y llego a mi portal. Rebusco entre las cosas de mi bolso para encontrar un manojo de llaves, meto la correspondiente en la cerradura pero no abro la puerta. Me detengo y sonrio.
Ya tengo una respuesta aceptable a las dudas que me están carcomiendo la cabeza. Su imagen cantando viene a mi mente. De la inmensidad de canciones que escuchamos en el coche solo recuerdo su voz diciendo :
“Se mi no se qué”
Y eso era la mejor de las respuestas.

lunes, 10 de septiembre de 2012

tiempo


Aparcó el coche en el fondo de la explanada que había a un lado de la gasolinera, al lado de un par de camiones. Clavó el freno de mano haciendo por primera vez alejar su mano derecha de mí y apagó el motor dejando la radio puesta. En un movimiento echó mi asiento hacia atrás por completo y se reclinó sobre mí. Mientras se apoyaba con un brazo en el cabezal de mi asiento, con el otro levantó mis piernas hasta ponerlas en el salpicadero y las separó levemente. Comenzó un ligero masaje con las yemas de sus dedos desde mis tobillo, subiendo por mis pantorrillas y deteniéndose en el hueco detrás de mi rodilla izquierda (ejem ejem copyright) mientras me miraba por primera vez desde que detuvimos el coche. Tenía una sonrisa pícara en la cara como estudiando en su cabeza todos y cada uno de los puntos por donde estaba a punto de explorar, imaginándolos.
—Aún no te he oído pedirlo por favor…
Como un acto reflejo me llevé la lengua a mi colmillo derecho, me seducía… Le agarré del cuello de la camisa haciendo que se acercara por completo a mi. Le quería besar pero él se alejaba y se volvía a acercar haciendo que me impacientara; se volvía a acercar me rozaba con sus labios y de nuevo se detenía.
—Y sigo sin oir nada— dijo al tiempo que su mano emprendía de nuevo el recorrido por mis piernas llegando a mis muslos, contorneándolos, dibujándolos ascendiendo por la cara interna de estos haciendo que la piel de mis brazos se erizara y que un escalofrío me atravesase la espalda desde el comienzo hasta su final.
Él llegó al final del camino, la intersección en el trayecto y su forma de tocar se suavizó, rozando casi sin querer; haciendo que se me cortara la respiración con cada roce y que mi temperatura empezara a aumentar. Su mano traspasó la única frontera que estorbaba en el camino y ya no había tela que me protegiera de no derretirme entre sus dedos. Intensificó la presión en movimientos circulares. Yo notaba mi corazón latiendo en cada centímetro de mi cuerpo, palpitando en mi cuello, detrás de mis orejas, en mi pecho, en mis ingles, con sus dedos…
El ruido de una puerta hizo que me tensara. Bajé las manos que hasta ahora habían estado apretadas a ambos lados del asiento hasta detener sus movimientos. Él las apartó ajeno a mis insistencias
—Hay alguien…
—Shuuu, no se ve nada
—Si se ve, enserio
Esta vez fue él quien se acercó para besarme con mucha intensidad. No pude no corresponderlo y acalló mis quejas por unos instantes. Del húmedo beso descendió a mi oreja donde susurró “Y si se ve, que se vea” al tiempo que con sus manos profundizaba en mi locura. Ya no me importó mucho más. Me dediqué a besarlo, a dejarme hacer. A demostrar con gemidos lo que él ya sabía que estaba experimentando mi cuerpo.
Sin cesar en sus movimientos se irguió de su asiento para colocarse por completo entre mis piernas. Pensé que por fin iba a empezar a jugar yo. Estaba deseando sentir su piel quemando la mía y eso que aún ambos estábamos vestidos. De mi boca descendió una vez más hacia mi cuello, como ya había echo esta mañana pero ahora mi piel estaba tan sensible que el mínimo roce de sus labios mojados hacían que me encendiera si cabe todavía más. Intenté quitarle a Dani la camiseta pero apartó mis manos y las volvió a depositar a ambos lados del asiento. Sus movimientos habían cesado dándome un respiro para poder volver a despejar mi cabeza por unos segundos pero ántes de que esto sucediera sentí otro contacto que arrancó un chillido de sorpresa de mi boca.
Él ya no se conformaba con hacer que me derritiera entre sus manos si no que ahora se valía de su boca. Mis pies se clavaron aún más en el salpicadero haciendo que mi pelvis se impulsara hacia arriba. El placer no me dejaba ni siquiera gemir, ningún sonido salía de mis labios pues mi cabeza estaba perdida en otros distintos, en los míos, con los suyos…
Cuando sentí que no podía más mi mano se aferró a la suya que agarraba con firmeza mi muslo y creí desvanecerme por unos segundos. Solo desperté cuando él volvió a besarme.
Dani se colocó de nuevo en su asiento y arrancó el coche.
—¿Sólo esto? — dije aún sin respiración
El me miró gracioso como si ya me hubiera olvidado de el orgasmo
—¿Sólo?
—Tú me entiendes… ¿Y tú?
—Ya habrá tiempo para mí…
Me incorporé en el asiento y mientras me colocaba el vestido en su sitio desee todo el tiempo del mundo para él, para los dos.

sábado, 8 de septiembre de 2012

Promesas incumplidas


Y nuestras bocas se separaron, antes de tiempo para mi gusto, y Dani volvió la vista a la carretera. Yo también miré al frente hacia la infinidad de la carretera que nos quedaba, los kilómetros que aún nos faltaban para llegar a casa; y solo deseaba pasarme todo ese trayecto besándole. Con él me sentía libre, más yo.
La sonrisa no desaparecía de mi rostro mezcla de la subida de adrenalina y de lo bien que me sentía ahora mismo. No íbamos a tener una relación; no me iba a complicar con somos o no somos, fidelidad, agobios, sentimientos… Simplemente iba a ser esto. Disfrutar y pasarlo bien. Y para mí era suficiente.
Con Dani tengo una conexión que no puedo explicar, es una persona en la que puedo confiar y frente a la que no me avergüenzo y eso hace que podamos llegar a ser muy buenos amigos. Pero por otro lado está su naturalidad, esa despreocupación por las cosas menos importantes, esa forma que tiene de sacarme de mis casillas siempre con una sonrisa en la cara, la forma que tiene de calentarme con solo acercarse a mi… Definitivamente no íbamos a ser solo amigos. Esta relación era lo mejor.
—¿Que pasa te ha comido la lengua el gato? — dijo él acariciándome la rodilla
—Por hoy solo tú, pero estamos a sábado si salgo a la noche ya te diré si me comen la lengua, gato o no gato — dije hacíendole cosquillitas en la mano que tenía en mi rodilla
(inciso técnico: eso de masajes en la mano es un dato externo basados en hechos reales ajeno a los personajes u /o a la escritora. Lo meto a lo somarda)
—Así que vas a salir a la noche mira que bien, yo que pensé que papá y mamá te dejaban salir solo por trabajo
—Que imbécil, vivo con ellos pero puedo hacer lo que quiera, bueno casi lo que quiera — dije riéndome
—¿Y puedes llevar chicos a casa?
—No, pero eso me permite irme de ruta por casas ajenas y que me preparen el desayuno, que hagan ellos la cama… Es más cómodo
—Uy no esperarás que te haga el desayuno o la cena, te deje el lado bueno de la cama ni nada por el estilo.
Dejé de hacerle cosquillitas por la mano para pasar  hacérselas en la nuca. Me acerqué un poco hacia él apoyándome en el costado de su asiento y bajé el tono de mi voz.
—Que pasa Martínez, ¿tienes pensado que pase alguna noche en tu casa?
Él se limitó a sonreir y a negar con la cabeza mientras su mano ascendía lentamente por mi muslo.
—Tengo pensado que pases muchas… dijo rozándo mis labios  sin llegar a besarme. Haciendo que yo me impacientara.—Que difícil me lo estás poniendo Pedroche…
—El que te estoy poniendo… difícil me refiero — dije yo aún en con esa tensión a milímetros de sus labios, aguantándome para que fuera él el que rompiera esa distancia, haciéndome de rogar.
Él que no quitaba ojo de la carretera pero tampoco descuidaba nuestro juego paró el recorrido de su mano y se amarró en mi muslo como si necesitara sujetarse para no dejarse llevar demasiado.
—Me prometí a mi mismo no meterte mano hoy y tengo la intención de cumplirlo niña
Yo solo pude estallar en carcajadas. Me parecía tan surrealista y raro en alguien como él comprometerse a no meterme mano. Me apetecía llevarlo a mi terreno.
Cogí su mano que empezaba a doler en mi pierna y entrecrucé sus dedos con los míos. Poco a poco fui elevando ambas haciendo que la suya acabará justo en el sitio donde yo la quería. Su respiración empezaba a intensificarse y con nuestras manos empecé unos movimientos que no se si me gustaban más a mi o a él. Al principio se hacia de rogar. Me separé de sus labios para rozar el lóbulo de su oreja con los dientes y en un susurro le dije:
—Y si te lo pido por favor…
Dani resopló sonriendo, puso el intermitente y fue camino de una gasolinera que había a unos pocos metros. Mi mano no era necesaria ya pues él había tomado su propio ritmo que se iba incrementando cada vez más y más haciendo que enloqueciera por parar ya a “repostar”

miércoles, 5 de septiembre de 2012

Los frenos


Agua. Agua fría era lo que me hacía falta en ese momento. Corté la tensión que reinaba en aquella habitación de hostal con un “me doy una ducha rápida”.
Ahora el agua resbalaba por mi cabeza, mojando mi espalda en un recorrido de nuevo al desagüe, llevándose por él los restos de los besos que quedaban escondidos entre mi pelo, detrás de mi oreja, bajo mi barbilla... Llevándose los suspiros y los deseos.
Inconscientemente me llevé las manos a la cara. ¿Que hubiera pasado si no nos llegan a frenar? ¿Qué estaba a punto de suceder? No me conocía a mi misma. Perdí el control.
En el fondo es un completo desconocido, llevo menos de veinticuatro horas a su lado y ya consigue que me tiemblen las piernas con solo pronunciar mi nombre. No lo entiendo. No me cabe en la cabeza.
Nunca he sido así no soy de líos de una noche. Y él no debería ser diferente. Hace unas horas me parecía un repulsivo, el típico machito que está aprovechándose de la fama obtenida por hacer el payaso para llevarse a las tías a la cama. Y yo he estado a punto de ser una de esas imbéciles que se dejan engañar.
Pero luego está la forma que tiene de tocarme. A veces casi sin hacerlo, sin rozarme. Siento su tacto pero no siento tu piel. Y otras como hace unos minutos, con fuerza, anclándome al mundo del que me evado con su boca en mi cuello.
¡Basta! Eres una imbécil — me digo a mi misma mientras me golpeo con las palmas de la mano la frente — te saca 7 años y está acostumbrado a hacer que las tías se derritan por él, poco le está costando con una niñata como tú. Deja de hacer el tonto y madura de una vez, los cuentos Disney están muy bien pero no para tiburones como Dani.
—Pedroche había que haber dejado libre la habitación hace cinco minutos— dijo desde el otro lado de la puerta del baño — no es momento para tocarse…
Y él sigue así, con sus chistes. Yo rompiéndome la cabeza como una tonta y él contento porque casi caigo entre sus redes como lleva deseando desde que me conoció. Una chica mona más en la lista para fardar con sus amigos.
No me tengo que romper la cabeza más por el tema. Fue un momento de debilidad y no volverá a ocurrir.
Salgo de la ducha y me visto lo más rápido que puedo. Cuando salgo del baño la cama está echa y él me está esperando con mi bolso en la puerta de la habitación. Con una sonrisa en la cara. Salgo por el pasillo delante de él y me dirijo hacia recepción.
—¿Qué haces? — dijo él enganchándome del brazo
—Pagar tú que crees, ¿a ti ya te regalan todo por salir en la tele? Porque a mi aún no ya te lo digo
—No lo he dicho por eso borde, lo digo porque ya pagué yo mientras te duchabas. Anda vamos para el coche de una vez
Me quedé callada, ni siquiera le di las gracias por haber pagado él.
Subimos al coche, esta vez yo no conducía. Puse la radio a tope para evitar el silencio incómodo pero Dani no opinaba lo mismo que yo y la bajaba hasta que se hacía casi imperceptible. Aprovechando que él tenía que cambiar de marcha yo volvía a subir el volumen. Y unos segundos después él la volvía a silenciar. Parecía un juego de niños. Me hacía sonreir.
—¿Que quieres? — dije dándome por vencida
—Hablar — dijo él dejando al fin el botón de la radio
—Habla entonces— dije jugueteando con el móvil sin hacerle mucho caso
—Quieres parar con eso y atender — dijo quitándome el móvil — de verás no quieres hablar de lo que pasó en la habitación.
—No pasó nada…
—A muy bien pues no pasó nada — dijo él interrumpiéndome — pero iba a pasar y lo sabes de sobra
—Lo que iba a pasar, mejor que no haya pasado — dije yo seria — se me fue la cabeza, perdí los papeles y me dejé llevar. Fin de la discusión
—¿De verdad no hubieras querido que pasara?— dijo él serio. Me sorprendía con la naturalidad que lo estábamos hablando todo. Sin vergüenza ni tapujos.
—No es que no quisiera… en el momento sé que habría querido pero tu no lo entiendes
—Explícamelo entonces
—Yo no soy así. Respeto mucho a las tías que siguen ese estilo de vida pero yo no soy de polvos de una noche. No va conmigo y nunca ha ido. En el momento me dejé llevar un poco por la situación pero eso no implica que si fuera una situación normal hubiera actuado del mismo modo.
—Entonces a ver si te entiendo. ¿A ti no te va el rollo disfrutar?
—Sabes que no es eso…
—Si, se resume en eso. Nos conocimos, tu me atraes — hizo una pausa— creo que yo te atraigo… Y no te cabe en la cabeza dejarte llevar por lo que te pide el cuerpo y que tengamos sexo ¿solo porque? ¿Porque no te estoy camelando ni declarándote mi amor eterno? ¿porque nos conocemos desde ayer? Lo que yo te ofrezco es mucho más puro y de verdad que un par de palabras bonitas para llevarte a la cama. Yo te propongo esto — dijo señalándonos — buen rollo, sinceridad y nada de promesas que quizá ninguno de los dos quiere cumplir. Dejarnos llevar por lo que sentimos en cada momento sin cerrarnos a prototipos, historias de futuro o principios morales restrictivos. Sin frenos.
En el fondo Dani tenía razón. Todo acaba en lo mismo. En sufrimiento. Las historias de amor perfectas con cenas a la luz de la luna, paseos por el parque agarrados en la mano… Muchas veces no son más que una tapadera de intenciones ocultas. Esto era de verdad. Dejarme llevar por los instintos…
No podría ser tan malo
—¿Cómo vivo sin frenos? — le pregunté sonriendo.
Él sonrió también
—Bésame — dijo mirándome a los ojos.
—Pero…— dije queriendo argumentar mil y una razones por lo que eso no era una buena idea. Él volvió la vista a la carretera solo por un segundo y volvió a repetir mirándome directamente
—Bésame
Solo pude hacerle caso. Dejarme llevar por lo que estaba deseándome desde que me levanté por la mañana a su lado. Comerle la boca. En un beso con ganas reprimidas con un sabor diferente, sin prisa, sin problemas, sin preocupaciones por estar besándonos en medio de un coche en marcha por la autopista hacia Madrid. En un beso sin frenos…