viernes, 2 de noviembre de 2012

Incendio


                Sus labios cambiaron el ritmo, incrementaron la marcha. En el fondo era ella el pentagrama, quien tejía la melodía. Sus pequeñas manos despeinaban el ya de por si solo despeinado pelo de mi nuca. Estas mismas fueron bajando por mis hombros, mis brazos y de vuelta a mi cintura, donde había empezado la carrera.           
Jugueteaban con el comienzo de mi sudadera. Estaba helada y sus manos en mi piel provocaban sobresaltos que a ella le divertían
—Estás helada Pedroche— dije dejándole besos cortos por la mejilla
—Lo hago aposta, para ver si pillas la indirecta…
—¿Indirecta? ¿A besarme como si no hubiera mañana, mordisquearme el cuello y rozar con sutileza el comienzo de mi pantalón lo llamas tu indirecta?— ella se rió vergonzosa retirando sus manos de mi cadera— Tienes que aprender de mí…
—Ya, ya, ya, seguro
—Es cierto, a mí me queman las ganas de tocarte — la fui guiando hacia el pasillo— de quitarte la ropa. Poco a poco, muy despacio — fui desprendiéndola de su chaqueta de punto que quedó perdida en el mismo lugar que el desayuno que habíamos pensado tomar.

Llevaba un top negro que hacía que me replanteara lo de ir despacio. Ella seguía avanzando de espaldas  mirándome  de forma menos indirecta si cabe que sus jugueteos bajo mi ropa.

—Me pierde tu olor — le aparté el pelo y me sumergí en su cuello, dándole mordiscos, arañándole con mis labios, mojándolo con mis ganas. Mis manos peleaban con los tirantes de ese top haciendo que se deslizaran por sus brazos.— Y es que a medida que te quito la ropa, se me hace más difícil no devorarte— La alcé en brazos haciendo que sus piernas se enrolaran en mi perdición, enredándose en mi cintura. Frente a mis ojos, su pecho, acunado por un sujetador de encaje, negro también, que le favorece más cuando no lo lleva y se pierde a los pies de mi cama. Fui besando el límite de esos encajes que no encajaban precisamente con el ritmo que intentaba mantener.
Llegamos a mi habitación y me senté en la cama haciendo que ella permaneciera sentada sobre mi regazo.  Cogí la manta que tengo siempre a los pies de esta y la enrollé con ella
—Pero, ¿sabes qué? Dijiste que tenías 40 minutos de los que ya hemos perdido 25 con mi super monólogo sobre verbos copulativos; que van a ser precisamente los únicos que van a hacer honor a su nombre hoy.


No estaba dispuesta a hacerle caso, no ahora que estaba semidesnuda en su cama.
—Pues resulta que te mentí — dije quitándome la manta de encima y tirándola al suelo
—¿Cómo que me mentiste?
—Tengo la mañana libre— confesé al tiempo que le quitaba yo a él la camiseta — Resulta que como tenía pensado cortar con todo no necesitaba demasiado tiempo, ni pausas incomodas, ni discusiones estúpidas, ni no saber que decir tras mandarte a freir espárragos

—A muy bien señorita, empezamos bien engañando.

Me cogió en volandas para sacarme de encima suyo y se sentó en medio de la cama dándome la espalda y haciéndose el enfadado.

—Dani…
—No, no ni Dani ni Dano — dijo exagerando un montón
—Bueno como quieras— hice que me iba de la habitación, pero él se hizo el duro y ni se dio la vuelta así que me quité el sujetador y se lo tiré. Pasó rozando su cabeza y quedó tirado sobre la almohada. Yo me di la vuelta pero no pude avanzar ni dos pasos porque le faltó tiempo para levantarse de la cama y detenerme
—No juegues con fuego — sus manos ya envolvían mi cadera jugando con el botón de los vaqueros— porque aquí salta la chispa, y luego ninguno de los dos es capaz de apagar el incendio.

Habiéndolo desabrochado, sus ágiles falanges empezaban a avivar las cenizas. Yo me dejaba hacer, como siempre. Parecía que perdía la voluntad cada vez que me tocaban sus manos. Notaba su pecho caliente en mi espalda, aumentando la intensidad de su respiración en mi nuca, aumentando la presión de su caricia en mi placer.
La sutileza del principio, sus besos sensuales y tranquilos se quedaron en la almohada con mi lencería. No llegamos ni a la cama. Los dos estábamos descontrolados. 
Más que la primera vez en la que nos dedicamos a descubrimos el uno al otro, a memorizar los besos, a grabar las miradas y saborear los gemidos. Esta vez yo ya le conocía y el me conocía a mí, y más de lo que pensaba. Sabía exactamente que tecla pulsar para resetear mi vergüenza; sabía que decir para tenerme única y exclusivamente a su voluntad.
El suelo estaba frío, y más en contacto con nuestros cuerpos que peleaban con la física al unirse hasta puntos inexplicables. Su mirada me extasiaba. ¡Si solo fuera la mirada! Humedecía su boca los pocos rincones que quedaban ya sin mojar.
Estábamos en ese punto en el que ya se pueden derrumbar uno a uno los edificios de todo Madrid, ya puede arder toda la habitación o temblar el suelo hasta resquebrajarse que no nos separan ni los bomberos. Ni a nosotros nos importaría demasiado.


Y no había nada más excitante que oír su gemidos en mi cuello, que perdiera el control de sus labios y se olvidara ya de como besar los míos que lo único que buscaban era tocar todos y cada uno de los centímetro de su piel, esa que se estaba quemando en la mía. O yo en la de ella. 
Sentir sus manos en mi espalda, marcándome a fuego sus dedos lo que su boca no es capaz de articular. Susurrarle al oído que nunca dejaría de tocarla, de sentirla u olerla. Me volvía un irracional perdido entre sus piernas, cautivo de su calor.
Y así, irracionalmente acabamos tirados en el suelo de la habitación a dos palmos de la cama. Encima de sus vaqueros, los míos y unos cuantos suspiros. Su pelo enredándose en mi cuello y mis dedos en su ombligo.
—¿Sabes qué? — dijo ella alternándose para respirar
—¿Qué?
—Un antiguo amante decía que no se llega al clímax de la sexualidad con una pareja hasta la tercera vez. Así que…
—Voy comprando extintores…
—Exactamente
Y los dos reímos antes de entregarnos a las ascuas de eso que aún no se apagaba.

4 comentarios:

  1. Lo siento este es uno de los primero caps que no voy a comentar. Y no porque no me gusta porque es fantástico, porque cada palabra que te diga se quedaría corta para poder definir esta perfección.
    Y bueno que lo dejo aquí que no quiero seguir quedando como una inculta (que lo soy pero tampoco hace falta que vaya presumiendo).
    Gracias por escribir estas maravillas, esperando el siguiente.

    ResponderEliminar
  2. Madre del amor hermoso y de mi corazón... ¡¡¡SIN PALABRAS!!! Es que es ABSOLUTAMENTE PERFECTO. No sé ni qué decir, no quiero cagarla! Es que... Buah, tus capítulos son PERFECTOS! Me encantan es poquísimo!!!!

    Quiero el siguiente, lo deseo!!! Pero cuando puedas eh!

    Gracias por dejarme sin palabras con cada capítulo! *-*

    Un besito, bonita!

    ResponderEliminar
  3. Guau!
    Increible, y ya no solo por la historia, o por el argumento si no por tu forma de escribirlo, solo con leer el primer parrafo me quedé estupefacta, es increible y creo que uno de los mejores hasta la fecha, sigue asi por que en mi opinión mejoras capitulo a capitulo, ya te lo comente varias veces, cada uno es mejor que el anterior, estoy esperando impaciente el siguiente!
    (Sin haberlo pensado...)
    Un beso guapa!

    ResponderEliminar
  4. *__* Yo por mi, lo dejaba aqui, porque no hay palabras para comentar este capitulo, ni la mayoria de los que escribes, haces que todo sea tan real, no es con la tipica palabra, es mas, tu usas las palabras mas rebuscadas que pueda haber en este mundo para escribir...

    ¿Se puede ser tan... tan... PERFECTO? Eso es una relacion, ellos son una relacion, cada uno aporta cosas nuevas, magia y intriga a estos capitulazos, no estan calientes, estan ardiendo, que compren rapido los extintores porque como pone en una frase "Se puede derrumbar un edificio que ellos estan ahi juntos" y te lo digo yo, que a ellos no los puede separar nadie, ni nada...

    Bueno, en fin, que me encantan tus capitulos y sobre todo como escribes, que enhorabuena por este capitulazo y siguiente prontito, un beso (:

    ResponderEliminar