El despertador sonó a las ocho de la mañana. ¡Que fuerza de
voluntad tengo por Dios¡ Pero me comprometí y ahora no me voy a quedar
durmiendo.
No
sabía a que hora tenía que ir ella a trabajar, pero no me iba a arriesgar. Hice
la cama y recogí la habitación, mientras tanto intentaba estructurar lo que iba
a decir.
—Mira podemos ser…
No, definitivamente no, no pretendía que fuéramos nada a lo que se le pudiera poner un nombre. No
existía un nombre para la relación que me apetecía tener con ella.
Simplemente amigos, claramente no, nunca lo fuimos ya que
nuestra relación empezó por atracción sexual no por amistad ni si quiera se si
una simple amistad es posible, pero tampoco lo quiero saber.
Me
pongo una sudadera sobre la camiseta del pijama. Encima de la mesa de la cocina
sigue la pizza entera que pedía anoche. Hay pocas cosas que me gusten más que
la pizza fría para desayunar, es uno de los pequeños placeres de la vida. Pero
la señorita quiere algo de chocolate ¿Qué le preparo yo? La verdad es que no
soy muy de cocinar, no tanto porque no sepa o se me dé mal si no porque soy muy
vago. Aun así los dulces son algo más habitual en mi. Tortitas con sirope de
arce y crema de chocolate. Decidido.
“Follamigos”, ni siquiera me gusta esa palabra. Hace que algo
tan natural como la libertad de disfrutar de lo que quieras, con quien quieras
y cuando quieras sonara a utilizar a alguien como algo. Aunque no lo llamara
así eso es lo que tenemos ahora, y sé que ella no es de relaciones así. ¿Lo soy
yo? Porque todas las que he tenido hasta ahora, si, por supuesto que las he
disfrutado y he podido mantenerlas como eso, lo que son, una satisfacción de
las apetencias sexuales… Pero nunca han sido una cena divertida, ni un querer
saber más de la vida de la otra persona, ni un querer verla fuera del ámbito de
mi cama… Ese es el problema. Hasta ahora, desde que decidí a adoptar esta
mentalidad, no había conocido a nadie a quien simplemente me apeteciera
acariciar mientras dormía a mi espalda, con quien pasar una velada de charlas
interesantes y que me motivara intelectualmente, alguien con quien pasar un día
en la carretera con el depósito lleno y un destino aun por fijar… Y en cierto
modo, no lo sabía todavía, pero sentía que Cristina podía ser más que una
llamada en medio de la noche que terminara en un cambiar las sabanas al día
siguiente. Por todo eso, esa definición no se adaptaba a lo que quería.
Mi
móvil vibra sobre la encimera. Un
“buenos días, ya estoy despierta en 20 estoy ahí” es el toque necesario
para que me dé más prisa. Preparo las tortitas y las voy amontonando en un
plato en algo parecido a la Torre de Pisa (La cocina bien, pero la presentación
y los detallitos no son mi fuerte).
Cuando termino friego todo lo que utilicé y me dirijo expectante hacia
el sofá.
¿Novios? Es solo pensarlo y canciones estúpidas acuden a mi
mente (Somos novios, nos queremos, los
dos vivimos un abismo triste y oscuro… ) También tenía claro que ni quería,
ni podía prometerle a alguien tanto como eso. Es una palabra que me queda grande,
demasiado. Y mucha gente pensará que voy de duro, que pienso eso porque nunca
me enamoré, que soy un insensible a quien solo le interesa el sexo… La mitad de
ellos se equivocan, y la otra mitad son unos hipócritas porque puede que para
mí esa palabra designe algo mucho más profundo que para ellos. Obviamente no siempre pensé de la misma
forma, hicieron falta muchos palos y muchas experiencias, unas buenas y otras
no tanto, para decidir que solamente iba a empezar una relación sería con una
persona a la que estuviera seguro de amar; no soy de los que prueban, pican,
exageran y confunden al resto que puede que si que tengan esos sentimientos, no
lo soy ni quiero llegar a serlo nunca.
Y con esto, nos quedamos sin nombres. Esos que a la sociedad
le gusta tanto colocar sin miramientos y a los que nos vemos obligados a
atarnos
El
timbre me despierta ( la reflexión da sueño). Me froto bien los ojos antes de
abrir la puerta y encontrármela más fresca que una lechuga pero con cara de
poker.
—Buenos días — dijo pasando a mi lado y dejándome un suave
beso en la mejilla — ya sabía yo que cuando llegara aún no te ibas a haber
levantado. ¿No leíste mi sms?
—Antes de juzgar señorita — la cogí por la cintura dándole
un beso en la mejilla — que sepa usted que llevo despierto desde las ocho, con
su desayuno preparado y todo recogido. Pero claro como algunas son unas
tardonas… pues me dormí en el sofá esperándote
—Mmmm, si tu lo dices… Anda vamos a desayunar que no voy
sobrada de tiempo, en cuarenta minutos tengo que estar en el coche camino de
plató
La guie hasta la cocina donde nos serví café y zumo (natural
recién exprimido obviamente, soy un máquina ).
—¿La señora va a gozar de un delicado y suculento pedazo no
apto para todos los paladares de pizza fría o quiere pasar directamente a lo
dulce?
Se río haciendo que escupiera el zumo que tenía en la boca
directamente en el vaso
—Chica, que fina, yo ofreciéndote un manjar de los dioses y
tu escupiendo el zumo
—Imbecil — dijo limpiándose la boca — la culpa es tuya que
dices payasadas ya de mañana y …
—Y te encanta
Bajo la mirada tensándose un poco y no contestó
—Dani, he venido porque íbamos a hablar…
Preferí empezar yo antes de que ella pudiera empezar a
cortar con todo.
—Cristina, sé perfectamente lo que quieres decir. Y créeme
no voy a intentar convencerte de que debes querer algo sin compromiso, solo
sexo y disfrutar
Su mirada era dubitativa
—¿Seguro?
Me levanté de la silla y me acerqué hasta la suya para
acuclillarme a su lado.
—Seguro… ¿Por qué? Te preguntarás tu… — haciéndole gestos
con las manos
—¿Por qué, por qué?
—Pues porque tampoco es lo que quiero yo ahora. Mientras
preparaba el desayuno, suculento que me lo tengo que decir yo todo, intenté
encontrar las palabras exactas para explicarte lo que quiero…
—Lo que tu quieres no son precisamente palabras Martínez…—
bromeó ella
—A ver enserio…
—Ya lo sé bobo, no te piques — dijo al tiempo que acariciaba
una de mis manos que descansaban sobre su pierna— Prosigue, palabras para
explicar lo que quieres…
— Si. A ver eso… que ya sabes como pienso, como pensaba.
Hace bastante que decidí vivir así haciendo lo que me apetecía en cada momento,
con gente que pensaba lo mismo que yo, que tenía la misma concepción del
pasarlo bien. Ciertamente pensé que ese bastante si iba convertir en un mucho,
o incluso un demasiado, pero llegaste tú. No te estoy declarando amor eterno,
ni mucho menos, me conoces, o bueno por lo menos a mí en un par de días me ha
sido suficiente para saber un poco de ti. Te estoy diciendo que entiendo tu
punto de vista, y que por primera vez a mi también me apetece ir más allá de
quedar de vez en cuando para follar. Me apetece conocerte, me interesas; tú, tu
pasado, tus estudios, como es tú día a día, como es pasar un día contigo en
pijama en casa sin maquillaje, ni tacones, ni máscaras… Me apetece avanzar.
Puede que así a todo esto no se adapte a lo que buscas, y tu quieres un nombre
en una relación, un poder decir “es mi novio”, un domingo de comida familiar o
un hablar del nombre de tus futuros hijos. Puede que sea así, y que esto que te
ofrezco se te quede corto. Créeme, no te culpo si es así. Pero siendo francos
es lo único que puedo ofrecerte de momento, porque hace tiempo que cerré el
cajón de los sentimientos y los dejé muy apartados de la realidad del sexo,
pero me apetece abrirlo de una vez y probar. Probar contigo, y SOLO contigo.
Tampoco pienses que todo este rollo es una excusa para poder seguir teniéndote
en mi cama mientras le suelto el mismo discursito a otras. Estoy intentando ser lo más sincero posible,
tanto contigo como conmigo. No te voy a dar menos de lo que te ofrezco, que es
mi exclusiva atención en cuidarte a ti, y repito, SOLO a ti; y de los tres
depende, tú, yo y el tiempo de que esto que te ofrezco pueda aumentar. Y a partir de aquí sabes que si tú quieres, estamos…
Ella se quedó unos segundos callada, pero sus caricias no
cesaban sobre mis manos
—¿Estamos qué? — dijo al fin sin mirarme a los ojos
—Estamos… felices, ilusionados, con expectativas, con
posibilidades. No lo sé. Al principio quería enfocar esto desde un somos, pero
no me convence. Y puede ser porque se me de mal el inglés pero para mi el SER y
el ESTAR son diferentes. Y quien sabe, quizá podemos estar… para algún día ser.
Ella seguía sin responder, y yo ya no encontraba la forma de
hacerle ver las cosas como en el desbarajuste que es mi cabeza se ven. Me puse
de pie pero sin apartarme de ella
—Mira yo sé que esto para ti es poco…
Y no pude seguir porque ella se levantó de la silla y me
tapó la boca con un dedo
—Nunca pensaste en dedicarte a hacer monólogos… Hablas
demasiado
Y sin dejarme replicar se acercó más a mí y me dio un corto
beso en los labios. Pronunció un “estamos…” entre ellos para volver a besarlos
de una forma lenta pero intensa, olvidándose del reloj, de los tortitas ya
frías y de la pizza más helada todavía, para perdernos en un verbo tan común
pero que ahora me parecía tan lleno de significado. “Estamos..” dije yo
también.