domingo, 21 de octubre de 2012

To be or not to be



El despertador sonó a las ocho de la mañana. ¡Que fuerza de voluntad tengo por Dios¡ Pero me comprometí y ahora no me voy a quedar durmiendo.
               
  No sabía a que hora tenía que ir ella a trabajar, pero no me iba a arriesgar. Hice la cama y recogí la habitación, mientras tanto intentaba estructurar lo que iba a decir.

—Mira podemos ser…

No, definitivamente no, no pretendía que fuéramos nada  a lo que se le pudiera poner un nombre. No existía un nombre para la relación que me apetecía tener con ella.

Simplemente amigos, claramente no, nunca lo fuimos ya que nuestra relación empezó por atracción sexual no por amistad ni si quiera se si una simple amistad es posible, pero tampoco lo quiero saber.

                Me pongo una sudadera sobre la camiseta del pijama. Encima de la mesa de la cocina sigue la pizza entera que pedía anoche. Hay pocas cosas que me gusten más que la pizza fría para desayunar, es uno de los pequeños placeres de la vida. Pero la señorita quiere algo de chocolate ¿Qué le preparo yo? La verdad es que no soy muy de cocinar, no tanto porque no sepa o se me dé mal si no porque soy muy vago. Aun así los dulces son algo más habitual en mi. Tortitas con sirope de arce y crema de chocolate. Decidido.

“Follamigos”, ni siquiera me gusta esa palabra. Hace que algo tan natural como la libertad de disfrutar de lo que quieras, con quien quieras y cuando quieras sonara a utilizar a alguien como algo. Aunque no lo llamara así eso es lo que tenemos ahora, y sé que ella no es de relaciones así. ¿Lo soy yo? Porque todas las que he tenido hasta ahora, si, por supuesto que las he disfrutado y he podido mantenerlas como eso, lo que son, una satisfacción de las apetencias sexuales… Pero nunca han sido una cena divertida, ni un querer saber más de la vida de la otra persona, ni un querer verla fuera del ámbito de mi cama… Ese es el problema. Hasta ahora, desde que decidí a adoptar esta mentalidad, no había conocido a nadie a quien simplemente me apeteciera acariciar mientras dormía a mi espalda, con quien pasar una velada de charlas interesantes y que me motivara intelectualmente, alguien con quien pasar un día en la carretera con el depósito lleno y un destino aun por fijar… Y en cierto modo, no lo sabía todavía, pero sentía que Cristina podía ser más que una llamada en medio de la noche que terminara en un cambiar las sabanas al día siguiente. Por todo eso, esa definición no se adaptaba a lo que quería.

                Mi móvil vibra sobre la encimera. Un  “buenos días, ya estoy despierta en 20 estoy ahí” es el toque necesario para que me dé más prisa. Preparo las tortitas y las voy amontonando en un plato en algo parecido a la Torre de Pisa (La cocina bien, pero la presentación y los detallitos no son mi fuerte).  Cuando termino friego todo lo que utilicé y me dirijo expectante hacia el sofá.

¿Novios? Es solo pensarlo y canciones estúpidas acuden a mi mente (Somos novios, nos queremos, los dos vivimos un abismo triste y oscuro… ) También tenía claro que ni quería, ni podía prometerle a alguien tanto como eso. Es una palabra que me queda grande, demasiado. Y mucha gente pensará que voy de duro, que pienso eso porque nunca me enamoré, que soy un insensible a quien solo le interesa el sexo… La mitad de ellos se equivocan, y la otra mitad son unos hipócritas porque puede que para mí esa palabra designe algo mucho más profundo que para ellos.  Obviamente no siempre pensé de la misma forma, hicieron falta muchos palos y muchas experiencias, unas buenas y otras no tanto, para decidir que solamente iba a empezar una relación sería con una persona a la que estuviera seguro de amar; no soy de los que prueban, pican, exageran y confunden al resto que puede que si que tengan esos sentimientos, no lo soy ni quiero llegar a serlo nunca.

Y con esto, nos quedamos sin nombres. Esos que a la sociedad le gusta tanto colocar sin miramientos y a los que nos vemos obligados a atarnos

                El timbre me despierta ( la reflexión da sueño). Me froto bien los ojos antes de abrir la puerta y encontrármela más fresca que una lechuga pero con cara de poker.

—Buenos días — dijo pasando a mi lado y dejándome un suave beso en la mejilla — ya sabía yo que cuando llegara aún no te ibas a haber levantado. ¿No leíste mi sms?
—Antes de juzgar señorita — la cogí por la cintura dándole un beso en la mejilla — que sepa usted que llevo despierto desde las ocho, con su desayuno preparado y todo recogido. Pero claro como algunas son unas tardonas… pues me dormí en el sofá esperándote
—Mmmm, si tu lo dices… Anda vamos a desayunar que no voy sobrada de tiempo, en cuarenta minutos tengo que estar en el coche camino de plató

La guie hasta la cocina donde nos serví café y zumo (natural recién exprimido obviamente, soy un máquina ).

—¿La señora va a gozar de un delicado y suculento pedazo no apto para todos los paladares de pizza fría o quiere pasar directamente a lo dulce?

Se río haciendo que escupiera el zumo que tenía en la boca directamente en el vaso

—Chica, que fina, yo ofreciéndote un manjar de los dioses y tu escupiendo el zumo
—Imbecil — dijo limpiándose la boca — la culpa es tuya que dices payasadas ya de mañana y …
—Y te encanta

Bajo la mirada tensándose un poco y no contestó

—Dani, he venido porque íbamos a hablar…

Preferí empezar yo antes de que ella pudiera empezar a cortar con todo.

—Cristina, sé perfectamente lo que quieres decir. Y créeme no voy a intentar convencerte de que debes querer algo sin compromiso, solo sexo y disfrutar

Su mirada era dubitativa

—¿Seguro?

Me levanté de la silla y me acerqué hasta la suya para acuclillarme a su lado.

—Seguro… ¿Por qué? Te preguntarás tu… — haciéndole gestos con las manos
—¿Por qué, por qué?
—Pues porque tampoco es lo que quiero yo ahora. Mientras preparaba el desayuno, suculento que me lo tengo que decir yo todo, intenté encontrar las palabras exactas para explicarte lo que quiero…
—Lo que tu quieres no son precisamente palabras Martínez…— bromeó ella
—A ver enserio…
—Ya lo sé bobo, no te piques — dijo al tiempo que acariciaba una de mis manos que descansaban sobre su pierna— Prosigue, palabras para explicar lo que quieres…
— Si. A ver eso… que ya sabes como pienso, como pensaba. Hace bastante que decidí vivir así haciendo lo que me apetecía en cada momento, con gente que pensaba lo mismo que yo, que tenía la misma concepción del pasarlo bien. Ciertamente pensé que ese bastante si iba convertir en un mucho, o incluso un demasiado, pero llegaste tú. No te estoy declarando amor eterno, ni mucho menos, me conoces, o bueno por lo menos a mí en un par de días me ha sido suficiente para saber un poco de ti. Te estoy diciendo que entiendo tu punto de vista, y que por primera vez a mi también me apetece ir más allá de quedar de vez en cuando para follar. Me apetece conocerte, me interesas; tú, tu pasado, tus estudios, como es tú día a día, como es pasar un día contigo en pijama en casa sin maquillaje, ni tacones, ni máscaras… Me apetece avanzar. Puede que así a todo esto no se adapte a lo que buscas, y tu quieres un nombre en una relación, un poder decir “es mi novio”, un domingo de comida familiar o un hablar del nombre de tus futuros hijos. Puede que sea así, y que esto que te ofrezco se te quede corto. Créeme, no te culpo si es así. Pero siendo francos es lo único que puedo ofrecerte de momento, porque hace tiempo que cerré el cajón de los sentimientos y los dejé muy apartados de la realidad del sexo, pero me apetece abrirlo de una vez y probar. Probar contigo, y SOLO contigo. Tampoco pienses que todo este rollo es una excusa para poder seguir teniéndote en mi cama mientras le suelto el mismo discursito a otras.  Estoy intentando ser lo más sincero posible, tanto contigo como conmigo. No te voy a dar menos de lo que te ofrezco, que es mi exclusiva atención en cuidarte a ti, y repito, SOLO a ti; y de los tres depende, tú, yo y el tiempo de que esto que te ofrezco pueda aumentar. Y  a partir de aquí sabes que si tú quieres, estamos…

Ella se quedó unos segundos callada, pero sus caricias no cesaban sobre mis manos

—¿Estamos qué? — dijo al fin sin mirarme a los ojos
—Estamos… felices, ilusionados, con expectativas, con posibilidades. No lo sé. Al principio quería enfocar esto desde un somos, pero no me convence. Y puede ser porque se me de mal el inglés pero para mi el SER y el ESTAR son diferentes. Y quien sabe, quizá podemos estar… para algún día ser.
Ella seguía sin responder, y yo ya no encontraba la forma de hacerle ver las cosas como en el desbarajuste que es mi cabeza se ven. Me puse de pie pero sin apartarme de ella
—Mira yo sé que esto para ti es poco…

Y no pude seguir porque ella se levantó de la silla y me tapó la boca con un dedo

—Nunca pensaste en dedicarte a hacer monólogos… Hablas demasiado

Y sin dejarme replicar se acercó más a mí y me dio un corto beso en los labios. Pronunció un “estamos…” entre ellos para volver a besarlos de una forma lenta pero intensa, olvidándose del reloj, de los tortitas ya frías y de la pizza más helada todavía, para perdernos en un verbo tan común pero que ahora me parecía tan lleno de significado. “Estamos..” dije yo también.

jueves, 11 de octubre de 2012

¿Hablamos?


No habitúo a beber pero esa noche con Dani se me fue un poco la mano. Pero me lo pasé muy bien.

Cuando íbamos en el taxi me apetecía que pasara algo más, que se repitiera lo ocurrido en su casa la noche anterior pero él, que borracho parece tener bastante más cabeza que sobrio, nos frenó frenando consigo el escándalo que supondría montárnoslo en la parte trasera de un taxi. Cuando llegamos a su casa yo estaba muy cansada al igual que muy borracha. Él fue un tierno; me ayudó a ponerme una sudadera suya y nos metimos en la cama donde me perdí abrazada a su espalda en un profundo sueño.
Al despertarnos tenía la impresión de seguir borracha. Esa sensación de mareo, ingravidez y boca pastosa. Me levanté con él y le preparé un café que también me iba a hacer falta a mí. Se duchó y preparó él primero porque llegaba tarde a la radio y tenía prisa. Se despidió desde la puerta explicándome donde tenía que dejar la llave cuando me fuera.
Estaba un poco distante pero supongo que era porque él estaba tan cansado y destrozado como yo. Me tomé mi tiempo para prepararme, mi cámara me había mandado un sms y hasta las diez no tenía que pasarme por el plató. Intenté despejarme en la ducha y dejé su casa lo más recogida posible. Cuando estaba esperando al taxi en la puerta le mandé un whats up a Dani.
Su respuesta fue muy seca, la segunda del día ya. A lo mejor era yo la que me estaba confundiendo. Él lo había dejado claro desde el principio; no éramos nada y yo lo había aceptado. Supongo que haber ido a cenar con él y quedarme a dormir en su casa me estaba confundiendo sólo a mí, él lo tenía claro.
Decidí dejar de buscarlo.
Él día pasó sin más entre reportajes, cámaras, maquillaje y directos. No tenía repor después  del programa así que me fui a casa poco después de terminar. Le expliqué por encima a mi madre que había salido a cenar con una amiga y que nos habían dado las mil  tomando algo por lo que fui directamente al trabajo. Tras sus “esto no va a ser siempre así”, “párate a pensar lo que estás haciendo” o “ni tu padre ni yo te vemos el pelo por casa” me dormí una siesta que parecía no acabar hasta la mañana del día siguiente pero el móvil, como siempre, interrumpió mi descanso. Era él:

            “Que tal el día? Muy cansada? Acabo de pedir pizza te apetece? Un besito”

Después de su indiferencia esta mañana y de no dar señales de vida en todo el día se acuerda ahora de mí, a las diez de la noche ¿Para qué? ¿Una excusa para que fuera a su casa para acostarnos? ¿Por qué se dio cuenta de que me había ignorado? No lo sé, pero yo tampoco tengo ganas ahora de seguirle el rollo. Ahora la que no tiene ganas de estar de buenas soy yo.


“No, gracias”


Había sido una borde, lo sé. Y también sé que este tipo de relación… ¿A caso lo puedo llamar así? … consiste en esto, y si me gusta bien y si no…
Su respuesta no tardó en llegar y distinta a lo que yo me esperaba.


                       “La verdad es que a mí ahora tampoco me apetece mucho.
                        Estoy tirado en la cama, que por cierto huele a ti…”

Intentaba arreglarlo, o simplemente hacerme la pelota para que cambiara de opinión respecto a pasarme por su casa

          “Pues lava las sabanas… Hay una cosa que se llama lavadora, no se si la conoces”

Yo ya me había desvelado y me levanté a la cocina a prepararme algo para cenar. Mi madre vió que rebuscaba indecisa en la alacena pero seguía enfadada y no se ofreció a prepararme la cena como era habitual. Se limitó a sacar los canelones de atún que habían comido ellos al mediodía del horno y dejarlos encima de la mesa. Era muy tierna (como el queso < véase conversación con la vecina del 5º>). Fui hasta el salón donde estaba ella planchando frente a la tele y la abracé por detrás dándole muchos besitos.

—¡Quita, quita! Ahora no me vengas de pelotillera. No te quiero — dijo fingiendo zafarse de mis brazos
—Si me quieres, pero solo la mitad de lo que te quiero yo, tonta. Anda ven a la cocina y me haces compañía mientras ceno.
—Bueno, pero porque ya estoy cansada de planchar y quiero tomarme un té — dijo yendo hacia la cocina y poniendo a calentar los canelones en el micro —No porque te quiera hacer compañía…
Nos sentamos en la mesa y le estuve contando anécdotas del programa, le expliqué bien como fue el golpe en el coche cuando ella me dijo que y había llegado a Madrid y que estaba en el taller, le hablé del restaurante mexicano de ayer y que teníamos que ir un día los tres a cenar…
–Pues eso ma, y no sé que más contarte
—¿Que te parece si me explicas quien es el dueño del 4x4 blanco?— dijo mi madre
—¡Ahh! Ese es de una amiga de Irene…
—¿De una amiga o de un amigo?
—De una amiga…
—A que raro… — dijo ella dándole un sorbo a su té — Porque tu padre te vió morreándote con el conductor, no sabía que ahora también te iba ese rollo hija…
—¿Morreándome? ¿A mi? — dije sin contener la risa — se equivocaría…
—¿En serio no me vas a contar quien es? Pues muy mal me parece
—Es una tontería mamá.
—Tanta tontería no será cuando llevas durmiendo en su casa todo el fin de semana. ¿O me vas a decir ahora que é solo te lleva hasta la casa de Irene y duermes allí? Hija, si es tu novio…
—Ese es el problema, que no es mi novio mamá. Es… ¡no se lo que es! Pero mi novio definitivamente no
—¡Aiiii, estos jóvenes de hoy en día! Yo solo digo que tengas cuidado con ese NO-novio, me parece que estás yendo demasiado rápido. Solo te digo eso.
—Ya, tienes razón— no tenía nada que discutirle

Terminé de cenar y ella volvió al salón. Me hice un cola-cao y me volví a la cama a leer apuntes hasta quedarme dormida, lo que no me llevaría mucho tiempo. Encima de la mesilla estaba el móvil del que ya me había olvidado. Dani había respondido hace rato, incluso tenía llamadas perdidas suyas.

                               “El problema es que no se si quiero que dejen de oler a ti… ¿Qué te pasa?
                                Estas rara ¿Quieres que hablemos?”

Claro que quería que habláramos. Quería decirle que no puedo seguir con este juego, que él puede ser de piedra pero yo me estoy quemando. Que lleva en mi vida menos de una semana y ya ha monopolizado todos mis pensamientos…
Quería decirle todo eso y más pero cuando el móvil vibró entre mis manos y la pantalla se iluminó con el nombre que mis labios no querían extrañar más, me petrifiqué. Me quedé sin respiración por unos minutos y el mundo se detuvo. ¿Lo cojo o no lo cojo? ¿Soy capaz de decirle todo lo que siento o me va a embaucar como siempre y se me va olvidar lo que quiero?

—Si… — dije al quinto tono
—Ya pensé que ibas a no cogerme otra vez
—Estaba cenando…
—¿Me vas a decir que te pasa?
Titubeé unos segundos
—Mira Dani… Me lo he pasado muy bien este fin de semana…
—Para, para, para — dijo impidiéndome continuar — No vamos a tener esta conversación por teléfono, me niego
—Pero es que Dani…
—Cris, que no. Ven mañana a desayunar a casa, tengo una pizza enterita. Vienes, desayunamos tranquilos y hablamos todo lo que quieras hablar.
—Ya pero te conozco y se que si quedamos vas a hacerme cambiar de idea
—¿Tan poca confianza tienes en ti misma? Parece mentira… A mi me gustó de ti todo lo contrario
—Dani yo no te gusto no nos engañemos más
—¿Y yo te gusto a ti?
—Ese es el problema… — dije sin pensar
—¿Cuál es el problema? Porque yo no lo veo…
—Tu no lo entiendes, Dani. Yo…
—Lo entiendo, te entiendo. Por eso quiero que hablemos bien. Por favor. No te estoy proponiendo que nos enrrollemos ni un polvo de despedida ni nada. Te estoy proponiendo hablar. Mañana no tengo radio por la mañana, yo no tengo que ir a plató hasta las doce así que si tu no tienes que madrugar mucho podemos quedar a una hora decente
—Yo…
—Y si tienes que madrugar — me interrumpió de nuevo— me da igual, madrugo yo también, ven a la hora que te levantes y desayunamos juntos. ¿Decidido entonces?
—Que remedio… no me dejas negarme
—Veo que vas cogiendo el mensaje…
—Pero pongo mis propias condiciones
—A ver…
—No quiero pizza, bueno si pero quiero algo dulce, con chocolate así que cúrratelo.
—Oído cocina
—Ni se te ocurra despertarte cuando llegue yo y ponerte a preparar todo aún, que no creo que vaya con el tiempo muy justo
—Lo tendré en cuenta, solo espero que no tengas que levantarte a las 6 porque luego me voy a ir durmiendo por las esquinas. Bueno… ¿Qué más?
—Por último, nada de nada de nada de sexo
—Que burra— dijo una voz a mi espalda
Mi madre  estaba en el umbral de la puerta con un montón de ropa planchada para colocar en mi armario. ¿Cuánto llevaba escuchando?
—Mamá…. — le reproché
—¡Aii hija, es verdad! Si vas a cortar con tu no-novio por lo menos aprovecha el último
—Mamá…
Dani que lo estaba escuchando todo se estaba descojonando al otro lado del teléfono
—Dila a tu madre que no se preocupe que no va a ser el último
—¿Cómo que no…
—Chhhst — me chistó — eso lo hablaremos mañana. Ahora dale un besazo a tu madre y descansa vale? Un beso muy grande
Colgó antes de que le pudiera contestar. Da igual mañana íbamos a poder aclarar todo, y yo ya estaba mentalizada. No estoy dispuesta aceptar este tipo de relaciones, ni con él ni con nadie, así que se acabó. Podemos quedar como amigos pero se acabó. Mi madre ahora estaba colocando la ropa recién planchada en el armario
—Anda que a ti ya te vale… Anda deja eso que ya lo coloco yo y me voy a dormir
Me dio un beso en la mejilla y se fue cerrando la puerta. Cuando me meto en la cama retiro los apuntes que tenía apoyados en la mesilla para leerlos. Esta noche ya no. Apago las luces pero la habitación aún continua iluminada por la pantalla de mi móvil; había recibido otro whats y ni siquiera lo había oído

                               “Buenas noches Pedroche, o no tanto, espero que a ti TAMBIÉN
                                te cueste dormir sin mí…”

Él mismo ya sabía la respuesta…

jueves, 4 de octubre de 2012

Otra voz


Café y resaca. Un habitual en mis mañanas pero ya no tengo el mismo aguante… Cuando sonó el despertador para venir a trabajar lo que menos quería era levantarme de la cama, y ella menos.

Ayer faltó poco para que nos durmiéramos en el taxi. Ella estaba destrozada, al menos casi tanto como yo. Había sido un fin de semana muy intenso.

Me leo el guion de hoy junto al periódico y la segunda taza de café. La radio es un medio que me gusta, empecé en él y siempre me hará sentirme cómodo pero compaginarlo con “Tonterias…” es más duro de lo que pensaba que sería cuando firmé el contrato.

El primer café lo tomé al salir de la ducha. Ella lo había preparado al levantarse, con más vitalidad que yo he de reconocer, antes de ducharse. Habíamos llegado a casa pasadas las cinco y tres horas después mi despertador estaba interrumpiendo el contacto de su piel bajo mis sabanas.

Dejando a un lado el sexo, nos lo habíamos pasado bien estos dos días. No me hubiera podido imaginar que una niña de veintiún años como ella podía ser tan madura y responsable; menos si tenemos en cuenta que está metida en el mundillo de la televisión. Este campo está lleno de “aspirantes a…” que se quedan por el camino y que piensan que con un par de operaciones y dos tallas más de sujetador van a ser mejores.

La primera vez que la vi en el programa cuando “Tonterías…” aun era un simple proyecto sobre una mesa pensé que ella sería de ese tipo de tías. Si, muy mona, muy morena y muy alta pero “cortita” del resto. Fue Mateo quien me dijo que ella no era así, que estaba estudiando y compaginaba dos carreras con su trabajo como reportera (dato que ayer fingí no conocer), y que por lo que él sabía no era la típica enchufada.

Aun así seguía siendo una niña. Bastaba con verla en el programa para darse cuenta que era infantil, ingenua y muy tímida. Algo que sin duda hizo que perdiera cualquier tipo de interés que pudiera tener en ella por su físico. No volví a ver el programa, ni a ella, desde que empezamos a trabajar en el nuestro.


“Acabo de salir de casa, te dejé las llaves donde me dijiste.
Creo que recogí todo pero si encuentras algo avísame”

Era un whats up de ella que conteste con un simple “ok”, estaba demasiado dormido como para más.


              Me resultó indiferente encontrármela el viernes en aquella discoteca. Broncano había dicho que un pivón de la tele nos iba a presentar pero no recordaba su nombre, el muy iluso iba con intenciones de ligársela. Cuando vi el cartel a la entrada del recinto, por un lado me jodió por no poder ligarme al supuesto pivón pero por otro lado tenía curiosidad por ver si en la tele le hacían milagros a Cristina Pedroche y ni siquiera estaba buena.

Cuando me estaba preparando en el camerino la escuche en el pasillo hablando con gente. Me asomé y parecían fans porque se estaban sacando fotos. Ella les hablaba como si les conociera de toda la vida; quizás solo tiene un par de ellos y por eso los conoce.

Parecía tan guapa como en la tele, a lo mejor un poco más. Aunque bastante más delgada, demasiado para mi gusto. Llevaba un vestido negro como de cuero. Muy de putoncillo. A lo mejor Mateo se equivocaba y si era del tipo de tía que yo pensaba…

Cuando la ví encima del escenario ya no estaba tan nerviosa como estaba los primeros días en el programa; estaba incluso confiada, creida se podría decir. No suelo ser un cabrón pero me apetecía bajarle un poquito los humos. Seguro que se quedaba cortadísima. Eso era lo que yo esperaba pero el que se quedó cortado había sido yo. No esperaba para nada la forma en la que me contestó, no me la hacía así, se veía tan niña y tontita por la tele que supuse que era solo un cuerpo; definitivamente no, tenía carácter. Eso fue lo que hizo que me acercara a ella tras la actuación…


—Dani en 10 minutos salimos al aire. ¿Tienes todo preparado?— me dijo el regidor del programa
—Si, bueno me falta un poco
—A que esperas estás ido



             Y un poco si que lo estaba. Aun recuerdo esa conversación desde el primer saludo. No habíamos dicho nada del otro mundo pero yo que ya sabía el carácter que tenía me dediqué a picarla. Me gustaba ver sus reacciones. Creo que fue ese carácter lo que hizo que me volviera a poner muchísimo. En el fondo, y no tan en el fondo, estaba buena. Físicamente me había gustado al principio y ahora su carácter me llamaba.

Estaba petable, esa había sido mi conclusión de la noche. Pero en el fondo seguía siendo una niña, y si no era una promiscua como yo deseaba que fuera para conseguir lo que quería, sería una infantiloide de cuentos de hadas y príncipes azules. Vamos demasiado esfuerzo para llevármela a la cama y más si tenía que aguantar sus tonterías.


—Entra en la sala que empezamos
—¡Voy, voy, voy! Me hago otro café y entro
—Ya te lo llevo yo anda, que estás que no estás. Última vez que llegas de resaca — dijo el regidor— Y más sin haber invitado a una copa mamón
—Como para invitarte… Me dejo el suelo. Entro

El programa empezó con normalidad, en esta parte yo aún no intervenía. Se estaba resumiendo la actualidad de hoy y se había reservado unos 15 minutos para entrevistar al alcalde de no sé donde. Eso significaba que podía desconectar y dormir con los ojos abiertos un rato más.

              Cuando Cristina se chocó contra mi coche me enfurecí, en realidad no le había hecho nada, un rasguño pero me sacó de quicio. Al verla guardándose el carácter y jodida por no saber como volver a casa se me fue la mala hostia. Ofrecerme a llevarla era eso, un gesto de “buen samaritano” pero cuando emprendimos el viaje me di cuenta de que si ahora ya tenía que “aguantarla” a la fuerza, ¿por qué no intentar tirármela? El rollito había cambiado desde la primera conversación, había piques pero ya no estaba borde. No se, en el fondo me lo estaba pasando bien con ella.

Esa noche en el hostal esperaba concretar… Pero bueno como llevábamos haciendo toda la velada acabamos discutiendo. Yo había mantenido una mascara de indiferencia hacia ella, lo que menos quería era que se le subiera el ya engordado ego, pero me dejó en evidencia. En realidad en evidencia me dejé yo solito al dejarme llevar, pero cada vez me atraía más sexualmente. En el fondo me encantaba que se hiciera la dura, o la que no le interesaba, pero yo sabía que algo sí; no se si quería lo mismo que yo o simplemente le molaba picarme pero no le dejaba indiferente.

Aún a pesar de su carácter yo veía que en el fondo no era tan dura como intentaba aparentar, ni tan fría o borde. Me estaba empezando a caer bien y eso no me gustaba demasiado. Yo quería que pasara algo con ella: si me caía mal “después de” si te he visto no me acuerdo y si en cambio me caía bien y compartía la misma idea que yo, si buscaba lo mismo se podía mantener el buen rollo e incluso ser amigos. El problema era ¿buscaba ella lo mismo que yo? Pensaba conocer la respuesta pero no perdía nada por planteárselo y eso fue lo que pasó en el coche


—Y ahora llega la sección de nuestro colaborador Dani Martinez…

Cabeza de nuevo al mundo real, toca currar. Tras casi una hora hablando y disimulando mi empanamiento salí de la radio. Ahora tocaba ir al plató de “Tonterias…”, comer, programa y preparar el guion del día siguiente. Un trabajo que adoraba pero no a golpe de lunes y resacoso. Por suerte pasó el día sin pena ni gloria. Sin pensar.

Volví a casa y me tiré en el sofá a la espera de la pizza que había pedido desde el coche. Un canal, otro y otro más; no había nada que me convenciera. Al final acabé viendo uno de estos zappings en una cadena secundaria. Para mi sorpresa salía ella. Se me hacía raro verla ahora a través de la tele después de haber pasado todo el fin de semana a su lado. Era la imagen de su entrada el primer día en el plató de “Se lo que hicisteis…”.

Esa sonrisa al levantarse, esa misma es la que puso en muchas ocasiones estos dos días. Estaba nerviosa, insegura. Este fin de semana me había demostrado que no era la niña tonta y engreída que entra en la tele y se cree la dueña de todo. Me había gustado bastante haber pasado el rato con ella. Desde el momento del coche la cosa había cambiado radicalmente.

Seguía habiendo pique, creo que va a ser algo habitual en nosotros, pero estaba abriéndose, probando; no se, le había planteado dejar surgir las cosas que nos apetecía hacer y ella aceptó. Detrás de ese carácter que había demostrado el día anterior era tímida. No excesivamente, pero si se cohibía bastante para algunas cosas que ella misma quería hacer. Para mí era divertido, un juego, “incitarla” a hacer lo que ella sola nunca hubiera hecho.

La experiencia de la gasolinera fue muy ilustradora de lo bien que nos lo podíamos llegar a pasar juntos. Y efectivamente así había sido esa noche en mi casa. Con muy pocas tías había tenido esa conexión; tanto en la cama como fuera de ella. Ese papel de niña buena y tímida que escondía detrás de su carácter se había caído también al quitarle la ropa. Me sorprendía. Me gustaba.

En ningún momento se me planteó que esa noche se quedará ahí, en una noche más con una tía más. Aunque quizá hubiera sido lo más fácil…

Ayer por la noche había sido una prueba más de que podía pasar algo más que sexo de una noche. No estoy hablando de nada serio, obviamente. Pero sí podía ser algo más, no sé el que. Pero estaba muy cómodo a su lado, me lo pasaba bien y por otro lado me enternecía ver esa parte de niña pequeña que tan imposible le es de disimular, no quería hacerle daño, eso lo tenía muy claro. No era una más y si ella no podría llevar las cosas como yo, con libertad y sin compromisos tampoco iba a jugar con ella sólo para seguir acostándonos. No con ella…


           El timbre sonó. Cojo la pizza y pienso que a lo mejor es demasiada para mí solo. Recuerdo el whats a Cris por la mañana. ¿Fui demasiado seco? Espero que no…


“Que tal el día? Muy cansada? Acabo de pedir pizza te apetece? Un besito”


Dejo la pizza en la cocina y voy a ponerme un pantalón deportivo y una sudadera para estar más cómodo. No puedo evitar tirarme de bruces en la cama. Ha sido un día duro. Mi cara se esconde en el almohadón y sin pretenderlo identifico su olor en las sábanas. Miro el móvil y aun no hay respuesta. Despues de estar pensando el ella todo el día me doy cuenta de lo mucho que me va a joder esta noche dormir solo…

martes, 2 de octubre de 2012

Sal y limón


Y él volvió con un par de vasos de chupito, un pequeño cuenco y una botella
—Martínez, que entiendes tú por solo una copa
—Pero tú has visto estos mini vasos. ¿Sabes cuantos tienes que utilizar para llenar una copa…? — dijo chistoso
—Eres un tramposo… A ver,¿ qué vamos a beber señor alcohólico?
—Tequila — mi cara cambió al momento — no pongas esa cara que si no te gusta es porque no lo has probado como lo tienes que probar.
Dejó todo sobre la mesita y se sentó en el sofá a mi lado. Sirvió un chupito hasta arriba. En el pequeño cuenco que estaba dividido en dos compartimentos había sal y rodajas de limón.
—Hay muchas formas de tomarlo, pero esta es la que más me gusta— dijo muy concentrado preparando todo.
Me apartó el pelo recogiéndolo hacia un lado. Me comenzó a besar el cuello, primero con suavidad para empezar a humedecer esos besos hasta cortarlo deslizando su lengua por el camino que habían marcado sus labios. Cogió el salero y lo vertió sobre la zona que había humedecido.
—Luego me ayudas tú a quitarme los restos de sal del pelo…
—Sabes que si — dijo dejándome un pico rápido — Y ahora lo más importante, el limón. Esto es lo que va a hacer que el trago de tequila no te queme, no te amargue. Y donde va a estar mejor que en tus labios para no amargarme.
Cogió una rodaja de limón y la apretó un poco entre los dedos. Ese jugo mojó mis labios.
—Y se bebe así…
Cogió el chupito en la mano pero antes de beberlo besó mi cuello salado. Después vació el vaso sin contemplaciones y acudió a mis labios, ya no solo para besarlos, si no para beberlos, para devorarlos. No era un beso como los que nos habíamos dado hasta ahora; ya no era un beso pasional o “ñoño”;era un beso… arcaico, como si necesitáramos de los labios del otro para existir, como si nuestro sustento fuera su sabor , nuestro agua la saliva.
Ese beso duró hasta que mis labios ya no sabían más a limón ni los suyos ya a tequila.
—Creo que me va a gustar el tequila — dije entre sus mordiscos. Él se limitó a besarme entre sonrisas.
—Te toca — dijo pasándome el salero — No voy a ser el único que se emborrache aquí, que luego te aprovechas de mi…
—No te gustaría que me aprovechara… — las cerveza empezaban a hacerme efecto y estaba más desinhibida de lo poco que podría estar con él. Mi mano se posó en su rodilla haciéndole masajitos que subían y bajaban a lo largo de su muslo. Se mordió el labio y entrelazó su mano con la mía deteniendo mis masajes. Llevó nuestras manos a mi muslo esta vez.
—Prefiero aprovecharme yo…
Los juegos que llevamos haciendo toda la noche se nos estaba yendo de las manos; los juegos y el alcohol. Eran ya las 3 de la mañana y mañana tenía que ir a trabajar a primera hora, pero no me importaba. El trabajo siempre era mi prioridad pero ahora todas mis prioridades se habían derrumbado, por él.
Tras vaciar la mitad de la botella entre los dos, en una mezcla da saliva, tequila sal y limón dieron las cuatro de la mañana.
—¿Tú mañana no trabajas?
—¿Mañana? Tengo que estar en la radio en cuatro horas — dijo incorporándose en el sofá — Anda vámonos ya que si no dormimos vamos a estar tan atontados que nos echan a los dos.
Recogí mis cosas y salimos a la calle. El aire fresco me ayudó a salir del aletargamiento producido por el alcohol y sus besos. Seguí a Dani que buscaba su coche
—No pensarás conducir así
—Estoy bien Cris
—Por favor, nos cogemos un taxi venga, mañana te acercas a por el coche— lo estaba diciendo muy seria, ninguno de los dos estábamos en condiciones de coger el coche.
—No sé como la haces, pero siempre te sales con la tuya — dijo dándome un beso en la frente y llamando a un taxi.
Nos sentamos en la acera a esperarlo.
—¿Te vienes a casa o vas para la tuya?
—Mejor voy a la mía. Esta noche ya fue demasiada locura mañana me voy a dormir por las esquinas. ¿Te molesta?
—No me molesta — dijo besándome
Ese beso se empezó a encender pero llegó el taxi para detenerlo. Nos subimos en los asientos de atrás y Dani le dio las indicaciones de mi casa. Yo estaba sentada de lado y mi pierna izquierda estaba entre las suyas. Proseguí con el beso que nos habían cortado. Su mano derecha moldeaba la pierna que estaba sobre él; su mano izquierda fondeaba en mi espalda desnuda. Mis manos estaban perdidas bajo su camiseta, acariciándole el pecho, la tripa, llegando al botón de su pantalón el cual desabroché sin ni siquiera dudarlo.
—Preciosa… — dijo él separándose de mis labios con esfuerzo — no juegues con fuego cuando nos podemos quemar los dos.
Intentamos frenar un poco la situación. Nos sentamos bien. El taxista estaba mirando por el retrovisor.
—Pobre, se queda sin espectáculo — le dije a Dani al oído
—Si se piensa que es tan fácil verte desnuda, va de culo. ¡Con lo que me costó a mi camelarte! — respondió de la misma forma
—Y si yo quiero que él me vea — jugueteé con mi camiseta deslizando la manga por uno de mis hombros.
Dani enseguida la volvió a colocar en su sitio
—Y si no lo quiero yo
—No había libertad…
Se lo pensó durante unos minutos. Me aparató el pelo de la cara y tras un corto beso me dijo:
—Señorita la libertad es un ideal muy recurrido y en el fondo una utopía
—¿Sabes que en el fondo eres un ñoño? — dije apoyándome en su pecho y jugando con los botones de su polo — Vas de duro pero no lo eres tanto
—Será que eres tú que me ablandas…— inspiró un segundo entre mi pelo — Ven a dormir conmigo…
Me aparté un poco para mirarle a la cara. Estaba tan raro hoy…
—No puedo de verdad… Mañana trabajo, trabajas.
—Está bien — dijo resignado
Y continuamos así el viaje. Yo apoyada de nuevo en su pecho, él jugando con nuestras manos. Madrid se veía diferente esta noche; todo en general. Esta era como la típica escena de película que sabes que esta vez te toca vivir a ti. Es esa escena en la que le gritas a la protagonista desde el sofá que no sea tonta y que se vaya a dormir con él, que el trabajo es secundario y ya tendrá tiempo para dormir el resto de días de su vida; pero esta vez la protagonista eres tú y las cosas no parecían tan fáciles… o si?
Estábamos entrando en mi barrio pero no era donde quería estar ahora
—No hace falta que pare aquí, vuelva al centro por favor — le dije al taxista
Dani sonrió dejándome un beso tierno en la nariz. Yo llevé sus labios a los míos y los saboree, un recordatorio perfecto para una noche de sal y limón.

lunes, 1 de octubre de 2012

Picante


Y la conversación continuó así. Por momentos volvían a mi mente pensamientos rebeldes sobre la conversación que habíamos mantenido en su apartamento, pero los dejaba fuera todo lo que podía centrándome en su sonrisa. 
—¿Entonces, estás estudiando también?— preguntó dándole un trago a su cerveza 
—Si, estoy acabando una doble titulación: administración y dirección de empresas junto con turismo.  
—Fíjate tú! Va a resultar ahora que a parte de guapa también vas a ser lista… Me vas a hacer sentirme inferior… naa, mentira 
—Soy una joyita— dije bromeando— Que suerte va a tener quien me pesque  
—Completamente de acuerdo… 
Nos trajeron la cena que habíamos pedido y ya íbamos por la tercera cerveza cada uno. 
—Cuéntame algo más de ti. Siempre soy yo el que habla 
—Es que no me gusta abrirme tanto a desconocidos — le piqué 
—No se si te gusta o no, pero abrirte lo que es abrirte… 
—Payaso— le dije dándole un golpe en la frente y haciéndome la enfadada. 
Nos trajeron la cena con una larga serie de salsas a cada cual más picante 
—Es coña boba— dijo dándome un golpecito en la mano— te propongo un juego, va 
Se dedicó a elegir entre todas las salsas que había en la mesa y escogió el tabasco 
—Esto es como el verdad o consecuencia. Por turnos nos vamos haciendo preguntas, comprometidas claramente, si no queremos responder tres gotas de tabasco  
—Vas a salir perjudicado Martínez… ¡Me encanta el picante! 
—Bueno ya lo veremos…Empiezo yo— dijo dándole vueltas al tenedor en la mesa como si se estuviera pensando una pregunta que hacía tiempo que ya había elegido— De 1 a 10 que puntuación le pones a la noche de ayer y por qué. 
Sonreí sin más porque era un gesto de inseguridad por su parte y en cierto modo me gustaba 
Mmmm, digamos que un notable alto, 8 
—¿Que es lo que más te gustó? 
Martinez, me toca a mi, no te emociones. Mi pregunta es… te has acostado con Anna? 
—¿Con que Anna?— preguntó extrañado  
—Anna Simon 
Cogió el tabasco de la mesa 
Tu cuentas…— y tres gotas cayeron en su lengua. Parecía no picarle hasta unos segundos después en los que empezó a comer pan como un loco 
Uy! que mala tolerancia al picante señorito, para que propones juegos que te dañan a ti… 
—Veremos… Ahora te va a tocar tomar tabasco a ti. ¿Te tocas? — preguntó pícaro y acercándome el botecito con la salsa 
—Si — contesté contundente — Pregunto 
¿Si? No pensé que me lo dirías… Pareces del tipo de tía que no lo reconoce ni aunque le vaya la vida en ello 
—Pues será que no me conoces tanto Martínez 
—Ya te iré conociendo...Pregunta 
¿Que no estarías dispuesto a probar nunca, sexualmente hablando? 
—Nunca digas nunca 
—Probarías… 
—Ya gastaste tu pregunta Pedroche— me cortó— ¿Te gusto? 
—Pregunta obvia, respuesta obvia. Acabas de malgastar una oportunidad. 
—Eso no es una respuesta… 
—No habría pasado nada contigo si no me gustaras— dije tajante — te sirve? 
—Me sirve 
—¿Has estado enamorado alguna vez? 
Volvió a coger el tabasco y cuando lo iba a beber paró 
—Creo que de esta forma me parecerá más dulce — dijo al tiempo que echaba las tres gotitas en el anverso de mi muñeca y las chupaba 
—¿Pica?— dije al ver su cara  
No contestó, se limitó a besarme de improvisto dejándome un leve picor en la lengua 
—Eso no vale tramposo 
—Yo invento el juego, yo decido sus reglas, si tienes alguna reclamación lo arreglamos luego en casa — insinuó— ¿Alguna vez has hecho un trio? 
Esta vez la que no quería contestar era yo. Cogí el bote y me tomé las tres gotas de tabasco intentando que no se notara que me ardía la boca para no darle el gusto 
—Eso es un “si” disfrazado… 
—Eso es un no sabe, no contesta. No me tergiverses— nos reímos — ¿Cual es tu récord en una noche? 
—¿Con la misma o con varias?— contestó flipado — En cualquier caso no creo en el número de veces si no en la calidad y la intensidad de estas. ¿Te sirve la respuesta? 
—Bueno… me sirve. Pero venga vamos a comer que se está enfriando todo, déjate de juegos 
—Una última pregunta, por favor —pidió arrebatándome el tenedor que acababa de coger — ¿Me ves como solo sexo o como algo más? 
—¿Me pasas el picante? — dije esquivando la pregunta 
—Cruel— dijo echándose cuatro gotas en su dedo índice 
—¡Eh! Ahí van cuatro— protesté 
—Eso es porque esta respuesta me interesaba especialmente, te aguantas. 
Acercó su mano y chupé el tabasco 
—Y ahora si, que aproveche 
Retomamos el tema de mis estudios, de los suyos, de como había entrado en el mundo de la televisión, que había hecho radio… Un poco de todo, lo que se suele hablar en las primeras citas.  
Cuando terminamos pedimos la cuenta. Al traerla el camarero él cogió el platito antes de que tocara el mantel y no me lo dejo ni siquiera ver 
¡Eh! ¿Qué haces? 
—Invito yo 
—Esto no es así, no vas a pagar tú siempre, ya me invitaste ayer a cenar… 
—Bueno pues ahora invitas tú a las copas. ¿Te parece? 
—Viendo lo que bebes tú creo que salgo perjudicada — dije al tiempo que recogía mi bolso y nos levantábamos de la mesa 
—No que la señorita no bebe ahora, llevas las mismas cervezas que yo te recuerdo 
—Pero tú me incitas a beber 
—Y tu me incitas a otras cosas y no te arranco la camiseta en medio del restaurante —susurró en mi oído mientras esperábamos por las vueltas en la barra. Él estaba tras de mí, deteniéndome entre aquella barra y su cuerpo. Su mano se coló desde mi espalda por el escote de la camiseta hasta mi barriga, acariciándola. Y sus dedos subieron hasta mi pecho cortándome la respiración haciendo que  detuviera sus caricias desde fuera de la camiseta 
—Estás frío — le susurré al oído 
—Caliéntame entonces —dijo en mis labios 
Nos dieron las vueltas y salimos hacia el coche. Yo me había dejado la chaqueta en este y fuera empezaba a refrescar. Dani lo notó y pasó su brazo por mis hombros al tiempo que me hacía refugiarme en su pecho. Cuando subimos al coche encendió el contacto pero no arrancó 
—¿Una copa o te acerco a casa? 
—Mañana es Lunes— remoloneé— trabajamos los dos 
Él encendió el coche resignado 
—Sólo una 
Se le dibujó una sonrisa en la cara. Puso la radio a tope. Sonaba una canción que ya había escuchado más veces del grupo que escucha Dani a todas horas; así que hasta yo conocía la mayor parte de la letra. Hoy éramos los dos los que cantábamos como dos locos con las ventanas abiertas por el centro de Madrid. 
Llegamos a una discoteca a la que nunca había ido 
—Contigo aprendo de todo, música nueva, sitios nuevos… Va a ser verdad eso que la vejez aporta sabiduría  
—Que gratuito todo. ¿Cómo que vejez? Hablo la post-adolescente… — se hizo el enfadado 
—Anda tonto, que era broma — dije rodeando su cadera desde atrás — Y bien que te gusta la post- adolescente 
 En absoluto, no me pones nada— se cruzó de brazos frente a mi 
Yo me acerqué y le descrucé los brazos haciendo que rodearan mi cintura. Me acerqué a sus labios rozándolos suavemente, tocándolos solo por accidente 
—Así que no te pongo… 
Dani negó con la cabeza. Le di un beso en la mejilla, muy despacio. Luego otro seguido de unos pocos más que iban bajando desde su barbilla hasta su cuello 
—¿Estás seguro? 
Dudó, pero afirmó con la cabeza. Empecé a besar su cuello pero no con besos superficiales y lentos como antes si no con besos húmedos y pasionales. Sus brazos comenzaron a cerrarse con fuerza en torno a mi cadera acercándome a la suya. Su pulso se aceleraba.  
—Pues si tan seguro estás me voy — dije zafándome de su agarre. Pero él no lo permitió y me sostuve esta vez más fuerte no solo con sus manos sino también con sus labios que devoraban los míos. Paró el beso de pronto y de la mano me llevó hasta el fondo de aquella discoteca donde había una zona un poco más tranquila con sofás y mesas. 
—No vuelvas a hacer eso — dijo serio dejando su cazadora en uno de los sofás— Porque la próxima vez no respondo de que estemos en un lugar público. Me vuelves loco hasta puntos que no conocía de mí… 
Y sin más me dejó allí para irse a pedir a la barra; sola, sintiendo que esa locura nos iba a hacer daño a los dos.