Me meto en la cama sin mover mucho el brazo porque el dolor
es prácticamente inaguantable. Con un poco de suerte podré dormir igual.
El agua de la ducha me tranquilizaba. A los pocos minutos
salió Dani con una toalla alrededor de la cintura.
—¿Sigues despierta? — dijo al verme recostada sobre la
almohada
—¿Tú me ves dormida? — dije un poco bruscamente, el dolor
hablaba por mi
—Bueno chica, ya te salió la vena vallecana de nuevo…
—Es que haces cada pregunta más obvia… ¿Que pasa Martinez,
el agua te recalentó las neuronas?
—No, es el hablar con niñatas como tú lo que me hace
volverme estúpido. No se ni para que me molesto en ayudarte, en ofrecerme a
llevarte en coche… Si la culpa es mía. Si me hubiera quedado en la discoteca
con alguna tía hubiera ganado más
—¿Que pasa que esperabas sacar algo de mí a cambio de
llevarme en coche? Que equivocado estás Martinez. No soy ninguna de las
descerebradas, morenas de solárium que te provocan por twitter (y que conste
que no va por nadie….. jaja). No soy un polvo fácil. ¡Que digo fácil! Tú no me
podrías considerar un polvo: ni fácil ni difícil. ¡En tú vida!
—Pero que te crees niñata. A ver si te queda claro y dejas
de creerte la reina del mundo, a mi me interesan las mujeres. Y todas estas a
las que te refieres lo son y pueden darme lo que yo necesito. Pero mírate, no
puedo verte más que como a una niña.
No se si era solo el dolor de mi hombro o que las palabras que me estaba diciendo en
verdad me dolían pero no aguanté más. Me levanté de la cama y fui hasta él. Cuando
estaba tan cerca que podía alzar la mano y tocarme me quité su camisa
disimulando el dolor que me provocaba alzar el brazo y se la arrojé al pecho.
Me quedé desnuda frente a él y notaba como en su cara se mezclaban la extrañeza
y la sorpresa.
—Niégame que no te mueres por tocarme — dije acercándome a
él — que no quieres besarme — susurré en sus labios— que no desearías tenerme
en tu cama…
Dani empezaba a descompasar su respiración, a ponerse
nervioso. Alzó su brazo rodeándome por la cintura y acercándome completamente a
él. Se abalanzó sobre mi boca pero me alejé cuanto pude
—Dime que lo quieres…
—Lo quiero— pronunció entre dientes
Ahí es cuando me separé de él
—Como te contradices Martinez, pensé que no te íbamos las
niñitas no…
—Eres una…
—Ni te atrevas — dije enfrentándome a él
—Me das asco… — dijo furioso ántes de ponerse un pantalón y
salir por la puerta de la habitación dando un portazo
Me quedé paralizada en medio de la habitación. Quizás me
había pasado un poco. Pero sus palabras también me habían dolido. Ahora que
todo empezaba a ir mejor y ya no se comportaba como un completo imbécil…De
todas formas ahora ya daba igual…
Me metí en la cama y di vueltas y vueltas entre las sabanas
y mi conciencia hasta que empecé a caer en una especie de letargo que el dolor
no dejaba culminar en profundo sueño. No se cuanto tiempo pasó, si minutos u
horas pero la claridad empezaba a entrar por el ventanal cuando escuché la
puerta. No me moví cuando él se metió entre las sabanas. Destapó un poco mi
hombro izquierdo y acarició casi superficialmente la piel que debía estar
amoratada. Me arropó entre las sabanas y casi en un suspiro solo pronuncie un “lo
siento”
Y el letargo volvió a caer sobre mi pero esta vez llevándome
a la profundidad del sueño. Haciendo que no supiera si el “yo también pequeña”
había salido de su boca o simplemente de mi imaginación.